Hacía apenas un año que nos habíamos mudado a esta ciudad, la empresa en la que trabajo me había ofrecido el puesto y, como no teníamos hijos y Marta no trabajaba, y acepté. La verdad, no conocíamos a nadie, así que en los primeros meses apenas nos relacionamos con nadie. Casi no salíamos, fue una época en que hacíamos el amor casi todos los días.
Marta es muy ardiente y la verdad está muy bien. Acaba de cumplir 36, yo tengo 4 más, y se ha cuidado siempre mucho, tienen unas buenas tetas y un culito respingón precioso. Donde vivíamos antes, un barrio de una ciudad grande, siempre le echaban piropos por la calle.
Habíamos alquilado un adosado en una urbanización a las afueras de la ciudad y Marta, empezó a relacionarse con algunas vecinas, sobre todo con una de ellas, Ana, que desde hace algunos meses, frecuenta mucho nuestra casa ya que tampoco trabaja, y su marido pasa temporadas fuera montando estructuras, así que muchas veces come o cena con nosotros ya que su hijo de 21 años trabaja a turnos. Es algo mayor que nosotros, tendrá unos 45 años, pero la verdad esta estupenda, aquí hace bastante calor todo el año y suele llevar unos vestidos de tirantes bastante escotados que dejan imaginar unas tetas de escándalo, grandes y bastante tiesas porque muchas veces no lleva sujetador y ahí están. Los vestidos suelen ser bastante cortos y cuando se sienta se ven, hasta bien arriba de sus muslos, unas piernas torneadas y muy bonitas. La verdad muchas veces se me ha ido la vista y la imaginación y creo que alguna vez se ha dado cuenta.
Lo que les voy a contar, los nombres no son verdaderos, sucedió apenas hace 15 días, yo había ido, con el encargado en la camioneta de la empresa, a visitar unas obras cerca de mi casa, a la vuelta el encargado me dijo que si quería me dejaba en casa, que total la tarde estaba perdida y era casi ir y volver a la oficina y que mañana como tenía que estar temprano en la obra me volvía a recoger. La verdad hacía mucho calor y tenía razón así que me tomé la tarde libre, me dejó en la esquina de la urbanización y me fui para casa. Miré en la piscina, que tiene la urbanización, porque imaginé que estaría allí Marta, pero no estaba, así que me fui para nuestro adosado. Fui a la parte de atrás que tenemos un pequeño jardín por si estaba tomando el sol pero tampoco estaba. Así que fui a entrar por la cristalera del jardín, cuando por los cristales vi a Marta, de pie en medio del salón, desnuda y al acercarme vi que estaba Ana, me pareció que también desnuda, de rodillas.
Me pareció tan extraño lo que me parecía estar viendo, que en lugar de entrar, me puse hacia un costado para que no me viesen y por una ventanita que da al porche las podía ver. Efectivamente ambas estaban desnudas y Ana arrodillada le estaba comiendo el coño a Marta, quedé tan sorprendido que no reaccionaba, no lo podía creer, me sentí engañado y fui a entrar para pedir una explicación de aquello, pero algo me frenó, empecé a ver la cara de placer de Marta y el cuerpo de Ana, ahora podía ver aquellas tetas que me imaginaba tan ricas y de verdad que lo eran, grandes, usaría más de un 100 seguro, duras y con unos pezones sonrosados grandes. Se levantó Ana, y ahora, rozaban sus tetas una con la otra juntando sus pezones mientras se besaban en la boca, era increíble, pero me estaba calentando, el enfado se estaba volviendo excitación, notaba que mi polla se iba poniendo dura.
Ahora era Ana la que se tumbaba en la alfombra y Marta empezaba a pasar su lengua por los muslos de Ana, lamiéndolos hasta llegar a su pubis con una mata de vello enorme, con sus manos apartaba el vello descubriendo los labios, grandes, carnosos de Ana, que coño más hermoso tenía. Mi polla la notaba ahora dura, muy dura y Marta con su lengua recorría entre lo labios de Ana buscando su botón, buscando su clítoris y entreteniéndose con su lengua en él, lamiéndolo, chupándolo una y otra vez. Ana parecía retorcerse de gusto, de placer, cogiendo con sus manos la cabeza de mi mujer, tirándola del pelo, sus tetas parecían a punto de explotar. Que estaba viendo, Marta le follaba con dos de sus dedos a la vez que la comía, mordisqueaba los labios de su coño. Tenía miedo a que me vieran ellas, y desde la calle, pero no pude evitar el comenzar a tocarme, por encima del pantalón, pero tenía ganas de correrme.
Se puso a cuatro patas Ana y mi mujer con los dedos de una mano le follaba el coño y con la otra el culo, mi mujer metiendo sus dedos en el culo de la vecina, cada vez más rápido cada vez con más fuerza, se veía que Ana se estaba corriendo, agitaba su cabeza y contraía su cuerpo, si se había corrido. Se tumbó boca arriba y Marta sobre ella, frotando sus coños, frotándose las tetas y besándose en la boca, morreándose. Yo también estaba apunto de correrme, me tocaba sobre mi pantalón del traje, y cuando Marta se quitó de encima de Ana, y esta, tumbada en el suelo boca arriba, abrió sus muslos, justo frente a mí, y me ofreció la vista de su coño abierto, no pude evitar correrme en los pantalones, noté como la leche mojaba mi slip y mi pantalón. Efectivamente me miré y una mancha se veía a la altura de mi bragueta.
Tranquilamente se levantaron, Ana empezó a buscar sus braguitas negras de encaje, que comenzó a ponerse mientras Marta, desnuda, le acariciaba la cara y le daba de nuevo un beso en la boca, luego Ana se metió un vestido corto de tirantes, encendió un cigarro y acompañó al piso de arriba a vestirse a Marta, era la hora en que tenía que marchar a clase de inglés.
Aproveché a entrar, no sabía que hacer, me quité el traje lo guardé y haciendo que estaba con un dolor horrible de espalda, suelo tener lumbalgias, y que por eso había llegado antes, esperé a Marta sentado en el sofá. Después de un rato bajaron las dos. Marta se extrañó que estuviera tan pronto en casa y que estuviese en pantalón corto en el salón. Le expliqué que no sabía que estaba en casa y lo del dolor. Se lamentó de que no tuviésemos unas pastillas y una pomada que solía tomar cuando me daba y de que se tuviese que marchar a su clase de inglés. Le dije que era igual que ya se me pasaría con un poco de reposo. Se marcharon las dos.
Rápidamente fui a coger el traje para esconderlo y llevarlo a la tintorería, estaba en el piso de arriba cuando oí en el salón la voz de Ana llamándome, me tumbé en la cama tal como estaba, solo con mi calzoncillo, para hacer que estaba descansando y le contesté. Subió hasta el dormitorio, llevaba un tubo de pomada en la mano, me dijo que era muy buena que la usaba su marido cuando tenía dolor de espalda. Me dijo la marca y me la enseñó, pero mi vista fue directamente a sus tetas, comprobando que seguía sin ponerse sujetador. La sabía con su braguitas negras caladas y sin suje bajo el vestido aquel de tirantes y pensaba en aquel coño negro y carnoso que le había dado a comer a mi mujer, noté que se endurecía mi polla y me puse boca abajo. Se ofreció a darme un masaje diciéndome que a su marido sufría mucho y le tenía que dar constantemente, yo acepté.
Se sentó al borde de la cama y me dijo que me iba a bajar un poco el calzoncillo para no mancharlo de pomada, se untó de las manos y comenzó a dármelo. Yo la miraba de reojo reflejada en el espejo del armario, al inclinarse para darme dejaba ver sus tetas casi al completo por el escote del vestido y sus bragas se le veían al recogérsele el vestido tan corto que llevaba, me estaba poniendo malísimo, notaba sus manos recorrer toda mi espalda hasta llegar a mis nalgas y al verla, y recordar el número con mi mujer, notaba mi polla hincharse bajo mi vientre. Creo que ella se dio cuenta, o eso creí yo y que trataba de provocarme, porque cada vez que se movía se recogía más y más su vestido y ahora sus bragas negras estaban a la vista completamente.
Me preguntó si el dolor era por toda la cintura como le daba a su marido, yo no tenía dolor, pero le contesté que si, entonces dijo que me diese la vuelta para dame por la parte de la cintura. Le dije que no que no hacía falta, pero ella insistía. Yo estaba empalmado como un burro y si me daba la vuelta lo notaría, insistió y al final me tuve que dar. Al verme se sonrió y preguntó si estaba así por el masaje, balbuceé sin contestar nada inteligible. Trató ella de justificarme diciendo que solía pasar con esa pomada y los masajes, supongo que para sacarme del apuro.
Me peguntó si Marta tenía crema del cuerpo, porque dijo que con esa pomada y tal como estaba yo era peligroso porque si en mi estado tocaba esa pomada me irritaría mucho, mientras se sonreía. Fue al baño donde le dije que había y volvió a darme. Me preguntó si estando como estaba, quiso decir de empalmado, no me molestaba el calzoncillo, que si no era mejor que me lo quitase. Yo le dije que no que me daba cosa, a lo que contestó que, que tontería, si es para el masaje, y me preguntó si era tan vergonzoso con mis cosas, y que sin dejarme responder añadió, Marta no lo es, es muy natural y liberal.
No pude evitar pensar, que puta, se la está tirando y todavía me suelta eso. Y siguió, si estás más cómodo me quito yo el vestido. Bueno no sé supongo que si… contesté sin mucha convicción, y sin esperar, si me quitaba el calzoncillo o no, se levantó y se sacó el vestido, quedando con las tetas al aire y aquella braguita negra de encaje que me tenía loco. Ves ya está, Marta también es muy natural para estas cosas, siguió diciendo mientras, sentándose de nuevo en el borde de la cama, comenzó a bajarme el calzoncillo, cuando me lo había bajado comentó que con aquel mástil en medio no se si iba a poder darme los masajes, que no creía que a Marta le importase, pero que me iba a relajar un poco para poder seguir, y agarrándome la polla empezó a meneármela. Apenas llevaba unos segundos, dijo vamos a ayudarla que parece que no se relaja y acercando su boca comenzó a mamármela, yo no acertaba a decir o a hacer nada, pero me estaba pegando una mamada que me iba a hacer correr en su boca.
Mientras se la tragaba con su mano me masajeaba los huevos, yo ya no aguanté más y empecé a acariciar, a masajear más bien, aquellas tetas a las que se le había puesto duros, muy duros los pezones, me dijo que le encantaba que se las comiese si quería, y sin dudarlo las traje hacía a mí y empecé a lamer, a mamar aquellas inmensas tetas y a comerme sus pezones, mordisqueándolos con mis labios, chupándolos, notándolos cada vez más duros. Se separó poniéndose de pie y diciéndome que Marta debería estar contenta que sabía calentar a una mujer. No sabía que iba a hacer, por un instante, después de lo que había visto a la tarde, pensé que me iba a dejar así, pero se empezó a bajar lentamente las bragas, mirándome y sonriéndose, y diciendo que esperaba que Marta le perdonase, pero que la había puesto muy caliente.
Entonces volví a ver aquel coño, peludo y con los labios grandes y carnosos, según se acercó a la cama, mi mano fue a el, metiendo mis dedos entre sus labios, sobándolo y buscando un clítoris que encontré muy duro y lo empecé a acariciar suavemente. Pero Ana me quitó la mano diciéndome que prefería que metiese otra cosa, se colocó sobre mí a horcajadas, abiertas sus piernas sobre mi cara, y abriéndose los labios con sus dedos fue bajando hasta que mi glande llegó a ellos, entonces sonriendo me preguntó si se lo iba a meter todo, y empezó a bajar clavándoselo poco a poco, lentamente, hasta que sentada sobre mí, toda mi polla estaba enterrada, sintiendo aquel coño caliente y muy húmedo, notaba cuando subía y bajaba por su vagina sus jugos. Eché mis manos a sus tetas agarrándolas, jugando con mis dedos en sus pezones, mientras ella subía y bajaba por mi mástil cada vez más deprisa, cada vez más fuerte y rápida diciéndome que le apretara las tetas que le hiciese daño que cuando estaba muy caliente le gustaba.
Empezó a gritar, cabalgándome con furor, corriéndose, y ahora era ella la que se apretaba la que se pellizcaba las tetas. De mi polla empezaron a salir borbotones de leche que llenaron la vagina de mi vecina mientras se calmaba del orgasmo, cayó sobre mí, aún con mi polla dentro, besándome en la boca. Después se levantó se puso lentamente las braguitas, sin limpiarse, se metió el vestido en el que aún se le marcaban los pezones duros y me dijo que siempre que necesitase un masaje que ya sabía. Me levanté tras ella y nos volvimos a besar.
Como podéis comprender estoy hecho un lio, quizás lo de menos sea mi lio con la vecina, pero el saber que esta liada con mi mujer y que esta también hace a todo.
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