Esto que les voy a contar pasó hace unos meses, y desde entonces no he logrado conciliar el sueño completamente. Decir que soy una mujer de 45 años, morena, media melena, senos firmes, un cuerpo que para mi edad está muy bien ya que hace años que suelo ir al gimnasio a hacer ejercicios, bici y aeróbic. También decir que estoy casada y con un hijo de 23 años y una hija de
Hace unos meses, haciendo unos ejercicios se acercó un chico de unos 26 años de éstos que se pasan horas y horas en el gimnasio trabajando su cuerpo, y luciendo cuerpo. Me dijo que estaba haciendo mal el ejercicio, que a la larga podría perjudicarme, y que si no me importaba, me corregiría para que fuera más efectivo. Yo acepté ya que siempre se agradece que te aconsejen ya que los monitores andan muy ocupados con las jovencitas... Juan, que así se llama, medirá 1.80, un cuerpo fibrado sin llegar a marcarse, unos bíceps fuertes, moreno de piel, rapado, con un brazalete tatuado en el bíceps, unas estrellas en la pierna, y un trival bastante grande en la espalda. Un macarra, vamos.
Nos pusimos frente a una pared que es todo un espejo para que yo viera como se debía hacer el ejercicio. Él puso su pecho contra mi espalda, me cogió lo brazos con las mancuernas y empezó a hacer el movimiento adecuado. Enseguida noté como su bulto crecía contra mi culo. Estuve a punto de apartarme y llamarle la atención, pero me bloqueé, no sé lo que me pasó que no le dije nada. Y esa fue mi perdición. Él miraba mi cara desconcertada en el espejo, y yo veía la suya llena de vicio. Cuando su pene estuvo totalmente erecto, empezó a frotarlo más y más en mi culo.
Reconozco que por un lado estaba desconcertada, pero por otro estaba sintiendo algo que hacía años que no sentía, o más bien, que nunca había sentido. Me ordenó que me agachara a dejar las pesas en el suelo dejando el culo en pompa, así podría notar más su rabo que a esas alturas estaba más que duro. Estaba aterrada por si alguien se daba cuenta, pero eso a él no le debía importar mucho. Cuando me levanté, me dijo que "aprendía muy rápido", que era muy buena alumna, y que si seguía sus consejos, iba a rejuvenecer 10 años... Le dije que por hoy ya había hecho mi hora de ejercicio, que me iba ya para casa. La contestación me dejó helada, inmóvil, sin poder reaccionar: "de eso nada. Te vas a la ducha y te cambias. te espero en la puerta". Se dio la vuelta y se fue hacia los vestuarios masculinos. No entendía nada, ¿qué pretendía? Desde ese momento hasta que estuve duchada y cambiada no me acuerdo de nada.
Al salir del gimnasio Juan estaba fumándose un cigarro apoyado en un coche de estos tuneados. Cogió mi bolsa, la puso en el maletero y me dijo que subiera. Os juro que mi parte racional me abandonó por completo. Subí a ese coche, y enseguida estábamos saliendo de la ciudad. Me dijo que hacía un par de semanas q me tenía fichada, que iba de mojigata pero él sabía que era una zorrona como todas las de mi edad. Él tiene novia, una chica de 22 añitos, pero dice que le pierden las maduras por "lo guarras que somos follando". Aún hoy no me explico como subí a ese coche. Le dije que se estaba equivocando, que lo que había pasado en el gimnasio había sido una tontería, que lo olvidará y que volviéramos a la ciudad. Me dijo que no, que íbamos a su taller donde trabajaba de mecánico, que allí íbamos a estar tranquilos y vería lo que es una buena follada. Por un lado estaba aterrada, pero por otro lado, ese aire chulesco y prepotente, la situación de vivir algo distinto, de sentirme deseada por un chico que podría ser mi hijo. Al final opté por no pensar, por dejarme llevar y disfrutar de ese momento...
Llegamos a un polígono industrial donde ya no había prácticamente nadie, aparcó su coche frente a un taller y entramos.. Nada más cerrar la puerta me empujó contra la puerta y empezó a besarme, o más bien meterme la lengua todo lo dentro que podía mientras con sus manos sobaba todo mi cuerpo con unas ansias increíbles. A estas alturas yo estaba súper caliente, en toda mi vida sexual, no había llegado nunca a esos extremos y no estaba dispuesta a desaprovecharlo. Le quité la camiseta y pude observar su pecho depilado, sus abdominales y una hilera de vello que bajaba de su ombligo hasta sus vaqueros. Pasé su mano por encima del pantalón y madre mía, no podía o no quería imaginar lo que se escondía ahí debajo. Inmediatamente me cogió la cabeza y me la bajó hasta la altura de su paquete mientras con la otra mano se desabrochaba el pantalón. Al bajárselos, la punta de su polla asomaba por encima de su slip. Realmente era enorme, no sé decir cuántos centímetros, pero me asustó. Me cogió el pelo en un moño, y me la metió toda de una.
Yo no podía con todo eso dentro, me entraban arcadas, así que le cogí la base de su polla para que no entrara toda. Realmente era deliciosa: gordita, con el capullo fuera, de estas que están duras pero un poquito blandas, vello rasurado. No podía creer, o no quería creer, que se la estaba comiendo a un "macarra". Mientras se la comía, por su boca solo salían gemidos e insultos que solo hacían que se la comiera con más ganas. Estuve por lo menos 10 minutos comiéndosela, hasta que de repente me levantó y me llevó a los vestuarios mientras me desnudaba bruscamente y me decía lo zorra y guarra que era, que era como todas, una puta calentorra. Esas palabras subían mi temperatura y mis deseos de ser follada.
Nada más entrar, me hizo que se la comiera para lubricársela, cuando creyó que ya era suficiente, me dio la vuelta, me puso contra una mesa, me escupió en el coño, y me la metió toda de una, de golpe. Creo que me debió oír todo el polígono. Mi marido no es que la tenga pequeña, pero nunca me han metido una polla de ese tamaño de golpe. Quería que parara, se lo suplicaba, pero eso a él le calentaba más y subía el ritmo. Él solo gemía y me recordaba lo puta y lo zorra que era. Pasado un rato, todo el dolor se transformó en placer, ahora era yo la que no quería que parara, que me diera más fuerte. Ahora sabía lo que era disfrutar del sexo, estaba teniendo un orgasmo increíble y chillaba como nunca lo había hecho.
Cuando la sacó, me dio la vuelta y me puso su polla en mi cara mientras se pajeaba a un ritmo desenfrenado. En nada empezó a correrse y 4 disparos fueron a parar en mi cara. Él siguió corriéndose pero ya solo le brotaba por su polla. Cuando acabó de correrse, empezó a restregar su polla y esparciéndome su leche por toda mi cara. Yo la cogí y empecé a mamársela otra vez hasta que estuvo totalmente flácida. Fue increíble. Él solo se reía y decía que no fallaba, que éramos todas unas guarras y que su teoría nunca fallaba.
A partir de ese, ha habido otros encuentros más, uno con un amigo suyo...
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