El relato que les contaré, me sucedió una noche que mi esposo me dijo que debíamos ir a una fiesta de reencuentro con sus ex-compañeros de Universidad.
Mientras nos arreglábamos mi marido me contaba como eran algunos de sus ex-compañeros, y las anécdotas que recordaba.
Hablaba de las borracheras de juventud y las perdidas que se daban mientras estudiaban.
Me contó que el dueño de la casa donde iríamos le fascinaban las piernas de las mujeres, sobre todo cuando estaban bien formadas y más si usaban minifalda. Yo siempre he tenido mis piernas llenitas y esa noche me puse una falda corta y debajo unas pantyhose color carne. El polo de lycra que tenía hacia que mis senos se notaran redondos y atrayentes.
Ansiaba llegar a la fiesta para conocer gente nueva, ya que no salíamos mucho y esta sería una buena oportunidad para lucirme. Hace un tiempo que había dejado de ser la esposa complaciente y en solo una oportunidad le había sido infiel a mi marido, pero él seguía creyendo que yo era la sumisa mujercita que el conocía.
Llegamos a la casa donde se realizaría la reunión y cuando entramos me los presentó, y solo algunos de ellos habían llevado a sus esposas. Me senté en una silla que había libre y conversaba con una de las esposas, mientras veía que mi marido se enfrascaba en alguna conversación con sus amigos al otro lado del salón.
Había gente conversando en el primer piso y algunos estaban al pie de la escalera que daba al segundo piso. En un momento me quedé sola y vi que dos de sus compañeros me miraban y comentaban entre ellos. Me gustaba que se hubieran fijado en mi y vi que uno miraba insistentemente mis piernas.
Supuse que sería el que le gustaban mucho las piernas.
Casi todos tenían aproximadamente 42 años y las risas de la gente se escuchaban cada vez mas fuerte debido a la ingestión de alcohol. Yo había tomado unos cuantos vasos de vino y estaba un poco acalorada, por lo que decidí salir a una terraza que había en la casa.
Casi de inmediato los dos sujetos que me habían estado mirando salieron conmigo y me hicieron conversación. Tu debes ser la esposa de Julio, me dijo uno de ellos. Me dio la mano a manera de saludo y luego paso sus dedos por la palma de mi mano.
El otro no me dio la mano sino que me dio un beso en la mejilla pero movió su cara y besó parte de mis labios.
Me hice la que no había pasado nada, pero la verdad es que eran muy confianzudos y al parecer no les importaba que mi marido estuviera presente en la fiesta. En la conversación salió el tema de que yo me dedicaba a la venta de casas y que pensaba que por la casa donde nos encontrábamos, podría conseguir un muy buen precio si se encontrara en venta.
Justamente al que le gustaban mucho las mujeres con minifalda dijo que la casa era de su propiedad y que estaba pensando en venderla. Me pidió que la viera ya que el no tenía idea del precio en que podría venderla. Vamos que te la muestro toda me dijo, y su amigo acotó vayan que luego los alcanzo.
Luego que vimos la primera planta me pidió que vayamos al segundo piso y en el camino nos cruzamos con mi marido al que le dijo, préstame a tu mujer un momento que me esta haciendo una cotización. Mi esposo que a estas alturas ya estaba bebido le respondió, Es toda tuya. Ambos rieron y subimos por la escalera yendo yo por delante y sintiendo como sus ojos se clavaban en mis piernas. La situación me hacia gracia ya que a través de los años este tipo no había cambiado sus gustos.
Me empezó a mostrar los ambientes del segundo piso pero por uno u otro motivo él aprovechaba para tomarme de la mano con la excusa de ayudarme, y al final ingresamos a un baño.
Este era amplio y cuando iba a opinar sobre el costo que había estimado, sentí que una mano me tocaba las nalgas por debajo de la falda. Voltee rápidamente pero me plantó un beso en la boca y con su otra mano me agarró la concha.
Pude soltarme si hubiera querido, pero luego pensé por que no disfrutar? Mi marido estaba abajo muy feliz tomando con sus amigos y nadie notaria nuestra ausencia un buen rato.
Además no iba a ser la primera vez que le ponía los cuernos a Julio, y que mejor que delante de sus narices. Era más excitante.
Le devolví el beso y comenzó a manosearme levantándome la falda hasta la cintura, bajando mis pantyhose y mi calzón para luego arrodillarse y empezar a lamerme la concha. Era un experto lamiendo y chupaba mis labios vaginales con una destreza que hacia que mis flujos salieran, por el placer que me daba.
Se incorporó del suelo y me volteó contra la pared y vi como se bajaba el pantalón y el calzoncillo para dejar salir una verga larga. Como voy a gozar pensé, así que separé mis piernas y puse mis manos contra la pared esperando que me penetrara. Estaba tan mojada de la excitación que su verga entró sin ninguna dificultad, y agarrandome de las caderas metía y sacaba dándome gran placer.
Estábamos en eso cuando de pronto se abrió la puerta del baño. Voltee rápidamente pensando que podría ser mi marido pero era el otro hombre con el que habíamos estado en la terraza. El que me estaba penetrando seguía metiendomela sin inmutarse por la presencia de su amigo, mientras el que había entrado me dijo que no me preocupara por Julio ya que estaba muy entretenido.
Vi entonces como se empezó a desnudar mientras miraba como me culeaban. Se acercó a mi y me besó en la boca a la vez que me subió el polo y el sujetador dejando libres mis tetas para que sus manos las acaricien a su antojo.
Luego se sentó en la taza del inodoro y con su verga toda parada me invitaba a que me siente en ella. Su amigo dejó de metermela para que fuera hacia él. Me quité toda la ropa sin pensar ya si Julio pudiera subir, y mirándolo de frente me senté sobre su tranca y comencé a cabalgar sobre ella. El aprovechaba para chuparme las tetas mientras yo gozaba clavada en su verga.
El anfitrión de la casa nuevamente se acercó y puso su verga muy cerca de mi cara, por lo que la agarré con una mano y comencé a chuparsela sin dejar de moverme sobre el palo que tenia entre mis piernas.
Estaba yo en medio de un orgasmo cuando sentí que un chorro de semen inundaba mi boca. Saqué la verga y seguí corriéndola para que saliera todo lo que aún tenia. Gracias a que la música estaba a gran volumen no se escuchaban los jadeos de los tres, y una vez que dejé satisfecho a uno de ellos me dediqué a seguir subiendo y bajando en la verga que aún tenía.
Mis tetas se movían hacia arriba y abajo por la fuerza de mis movimientos y luego llegó el chorro cálido de mi amante dentro de mis entrañas. Quedé rendida y sentada un rato sobre él, y mientras descansábamos me pedían que los visite otro día para hacerlo toda una tarde. Luego nos vestimos nuevamente para bajar al salón donde se encontraba mi marido.
Julio se percató que bajábamos los tres y cuando llegamos hacia él me dijo a modo de broma, te vas con uno y regresas con dos.
Los tres le celebramos la broma riéndonos sin que supiera como me habían culeado sus ex-compañeros de Universidad.
De regreso a casa mi marido no podía manejar debido a todas las copas que había tomado, y yo tuve que manejar hasta casa. En el camino vi como se quedó dormido en el asiento de al lado mientras sentía que mi calzón se mojaba por el semen que empezaba a salir de mi concha.
Estoy pensando en aceptar la invitación que me hicieron esos dos para pasar la tarde con ellos, con la excusa de la venta de su casa.
ALGO FANTASEOSO PERO BUENO!!!