LOS RELATOS DE LOS VAGOS

Hola, soy odontólogo, no soy sexy pero tengo mis atributos, a mi consultorio llegó por recomendación Francis, una paciente de 62 años de edad, yo como a todo los pacientes la atendí con todas las amabilidades que esto requiere, y brindar confianza a mi paciente, es una persona de 1.65mts. de altura y con unos pechos apetecibles, de cadera estrecha pero de nalgas bien firmes, elaborando su historia clínica me enteré que era casada, con dos hijos mayores y que trabajaba de dependienta en una tienda de ropa, al realizarle su revisión bucal en un movimiento de apertura me refirió que sentía un dolor en la mandíbula al abrir y cerrar por lo que me enfoqué a revisarla y tocar ambas partes de su cara pidiendo hacer movimientos de apertura y cierre y continuando con un movimiento hacia la nuca y la parte superior de la espalda refiriéndome que toda esa zona que le tocaba le dolía sobre todo por las mañanas.

Le comenté que era parte del stress de la vida diaria que le recomendaba que recibiera algún tipo de masaje sobre la zona y proseguí con su atención dental, dando cita para 4 días después al cabo de los cuales regresó, se sentó en el sillón dental y le pregunté como seguía de sus molestias de cuello y espalda, que si había recibido su terapia y me comentó que no, que el problema de ella era que no vivía con su esposo desde hace 12 años y que estaba sola, en su casa no había quien pudiese ayudarla, le dije que no me lo tomara a mal pero que ya se hubiera buscado un novio ya que no estaba de mal ver y ella contestó que estaba vieja para eso y que a demás no estaba divorciada, le pedí me permitiera y me coloque detrás de ella y le tomé con las dos manos la nuca dando masaje desplazándome hacia los hombros haciendo una mueca y expresión de descanso y cerrando los ojos me permitió llegar a la altura del borde de su brasiere por la posición del respaldo del sillón.

Después de varios minutos me comentó que sería fabuloso recibir un buen masaje pero que no interfiriera la ropa pues debería sentirse diferente, continué unos minutos más y procedí a realizar una limpieza bucal (profilaxis) en ese lapso analicé su tipo de vestimenta y en ese día portaba un vestido holgado y le llegaba a la mitad de la pantorrilla, al finalizar su tratamiento le comenté, volviendo al punto del novio, haciendo referencia de que por que no usaba ropa más ajustada y más corta, ya que al parecer y por lo que veía, contaba con un par de piernas bien formadas, me contestó que como decía eso, si ni siquiera se le descubrían las piernas por el vestido que llevaba, le comenté que la observé al estar sentada y su vestido permitía que se marcara la forma de su cuerpo por eso le hice el comentario.

Un poco sorprendida por mi respuesta y con una sonrisa picaresca me preguntó que tan pegada sería la ropa que me gustaría y jalando su vestido por un lado lo pegó a su cuerpo diciendo que así se le notaba la barriga, pero le contesté que se le marcaban más las pompas y dando un giro me preguntó que si llamaba la atención, le contesté que sí pero que tendría que levantar más el vestido para llamar más la atención, preguntando y sugiriendo que hasta donde me gustaría levantarlo me acerqué y doblándolo hacia dentro sin perder la oportunidad de rozar sus piernas con las manos sentí como se estremeció y sin dejar de verme levanté por arriba de sus rodillas y deteniendo el vestido pegué mis manos a sus piernas tratando de tocar más arriba del limite que daba el vestido, sin protestar nos mantuvimos por varios minutos así, y sin pensarlo más subí tocando su pierna por la parte frontal al límite de su entrepierna reaccionando con sorpresa pero sin protestar, y diciendo que ya me detuviera, que no fuera yo a pensar que era una persona fácil y que en mucho tiempo no había sido tocada por nadie aparte de su esposo de la forma que yo lo había hecho.

Desafortunadamente en ese momento se escuchó el acceso de otro paciente a la sala de espera y nos quedamos mirando sin más comentarios, me pidió le diera la próxima cita y se la programé para el siguiente sábado tres días después de ese encuentro, normalmente no doy consulta los sábados pero ella no sabía eso y con cierta tendencia a aventurarme más para lograr algún contacto con ella, y sabiendo que no habría interferencia de otros pacientes, pensando yo esto quedamos de acuerdo y esperaba con ansia el sábado ya que de alguna manera despertó ese deseo sexual y dejándome excitado…

Ese día llegó a la cita vestida con una gabardina hasta la pantorrilla, un poco sorprendido la invité a pasar y me pidió que le ayudara a retirarse la gabardina pues se sentía calor en el consultorio, al retírasela me sorprendió aun más, llevaba una falda al límite de la rodilla y una blusa semi transparente pero que permitía ver el borde de su brassier, le dije que se veía estupenda y le tomé la mano al mismo tiempo que le dije se diera una vuelta para admirarla, lo hizo sin dudarlo quedando de frente a mí, sin perder la oportunidad la tomé de la cintura y la pegué a mi cuerpo, obviamente ya tenía una erección, la besé y correspondió sin más, empecé a restregar mi miembro contra su cosita y continué besando su cuello, tocando sus nalgas y su busto por arriba de la ropa, ella empezó a respirar más fuerte aceptando mis caricias.

Empecé a desabotonar su blusa y en ese momento me dijo que esperara ya que podía llegar algún paciente, le dije que no se preocupara que a la única persona que atendería seria a ella, continué besando su cuello y su oreja, ya que me percaté que le agradaba sentir mi lengua que le introducía, retiré la blusa, retiré el brassier y bajé a darle una chupadas a sus tetas que ya sin la protección se brindaron firmes y de buen tamaño, no omito decir que sus pezones para ese entonces ya estaban duros y paraditos, de un color café con leche, pero de tamaño como de recién estreno, pequeños, continué chupando sus tetas pero bajando ya la falda y metiendo mi mano hacia su entrepierna, me empecé a quitar la ropa al mismo tiempo ayudado por ella.

La recosté en el sillón y fui bajando sus pantis junto con su tanga pero propinando lengüetazos y chupadas en todas partes de su cuerpo, cosa que deduzco que le gustaba ya que no dejaba de suspirar y acariciarme la cabeza, al llegar a su chochito, bien poblado por cierto, empecé a separar sus piernas, oponiendo algo de resistencia me preguntó que le iba a hacer, le dije que le mamaria su cosita, me dijo que nunca se lo habían hecho, le dije que no se preocupara, que sería una sensación maravillosa…

Cediendo poco a poco y sin dejar de chupar abrió las piernas dejándome ver sus labios mayores y abriendo con mis dedos su cosita color rosa, húmeda y bien apetecible y acercándome a ella contacté su raja con la lengua propinándole una mamada tocando su clítoris, metiendo y sacando mi lengua en su vagina haciéndola retorcerse con las sensaciones que le propinaba, no hablaba solo respiraba agitadamente y levantando su cadera se acercaba más cada que le recorría con la lengua, después de unos minutos se corrió deliciosamente, sus flujos con un sabor agradable los disfruté succionando todo su contenido.

Era evidente que necesitaba un contacto sexual y ella por primera vez me pidió que la montara, que quería sentir mi cosa en su vagina a lo que sin hacerme del rogar y con el arma en ristre me coloqué entre sus piernas y de un solo envite le introduje mi cosa emitiendo un quejido de dolor pero al mismo tiempo atrayéndome hacia ella y levantando sus caderas llegué al fondo de ella, que sin más empezó a besarme y respirando agitadamente me pedía más y más, entrando y saliendo de su vagina como un embolo bien lubricado continué con un movimiento giratorio tratando de tocar su clítoris para ese momento bien hinchado, y después de unos minutos realizando un sonido gutural llegó a otro orgasmo mojando todo mi miembro y la zona de su entrepierna desbordada en sus jugos.

Continué por lo menos otros diez minutos en los cuales ella tuvo otro orgasmo y le dije estando yo a punto de terminar que le llenaría su cosita de lechita a lo cual ella respondió que le diera toda le leche que quisiera que la inundara por los años de abstinencia que había tenido, y si que lo necesitaba después de esas mojadas que me dio, terminé dentro de ella, me mantuve con mi miembro todavía rígido dentro reposando un poco y ella desvanecida por la acción y los orgasmos, lo cual me dio la oportunidad de retirarme y apoyarlo en su culito que ya pensaba yo desayunarme ese mismo día, ella al sentir reaccionó y me dijo por ahí no es la entrada correcta y le contesté que esa otra entrada yo la buscaba, me dijo que nunca lo había hecho por atrás y que sabía que dolía mucho, le dije, ¿Te gusto la mamada que te di? me dijo que siiiiii, le contesté esta es otra experiencia similar y estoy seguro te gustará.

Me retiré a traer crema y ella agotada pero servicial esperó a colocarme la crema y lo mismo en su hoyito, jugueteando con mi dedo empezó a disfrutar, coloqué sus piernas en mis hombros y mi falo en la entrada de su culito, primero un poco de tensión por parte de ella pero la calmé pidiéndole que se relajara, que si le dolía me avisara y me detendría, no tardó mucho su esfínter en ceder y con un rictus de dolor pero con cierto placer por parte de ella entró la cabeza y con movimientos cortos pero firmes ella misma fue aceptando…

Yo disfruté como nunca esa introducción, ella me pidió que me detuviera, pero era tal mi excitación que de un movimiento lo introduje todo, se quejó, gritó, y le pregunté que si lo sacaba, me dijo que no, que era un dolor fuerte pero agradable, seguí abriendo ese culito con movimientos pausados y circulares al principio y acelerando después, me pidió que se lo metiera todo que era mío ese culo, que lo acostumbrara, que era una sensación que en su vida había sentido, que la cogiera todo el tiempo que pudiera, no se el tiempo que estuve en esa posición pero disfruté y disfrutó ya que al mismo tiempo la masturbé con mi mano tocando su clítoris.

Terminé vaciando mi lechita en su culito al mismo tiempo que ella se daba otra venida genial, terminamos vistiéndonos, me pidió que no lo contase a nadie conocido y le dije que si, con la condición de que tendríamos que seguir consultándola en sábado cuando ella y yo lo acordáramos, aceptando me confió que la tenía más grande y más gorda que su esposo y que nunca imaginó que se daría tanto placer con las mamadas y la enculada y que me prometía que si le enseñaba ella me daría las mamadas que yo quisiera.

Les comento esto sucedió hace aproximadamente 6 años y a la fecha es una experta mamadora y hasta en su casa he llegado a cogérmela, me dice que esto le inyectó nueva vida a si es que quien niega que el sexo es vida está equivocado o no se ha cogido a una veterana de más de 60.