LOS RELATOS DE LOS VAGOS

Mi nombre es Víctor, aunque mis amistades y feligreses se han acostumbrado a llamarme Pastor. Ya que me desempeño como ministro de las iglesias evangélicas unidas e incorporadas. Como Pastor, administro uno de los templos y comunidades más prosperas, y con mayor cantidad de fieles. Por lo que desde hace tiempo aprendí, que hay que predicar con el ejemplo, no es tan solo decirle a los fieles que perdonen las ofensas. No hay que ir más allá, como ya dije predicando con el ejemplo.

Como Pastor en ocasiones me ha tocado recoger a una que otra, pobre alma y darle albergue, alimento y hasta ropa. Además si así esa persona lo así lo desea, le ayudo a conseguir un empleo, o finalmente algunos han quedado a trabajando para el templo. Como fue el caso de John Jairo, o JJ como le llaman todos.

A diferencia de los sacerdotes católicos, nosotros si así lo deseamos, podemos casarnos, y ejercer el ministerio predicando. Mi esposa se llama Irma, unos años menores que yo, altas de muy buen cuerpo y por razones que solo Dios sabe, hasta el día de hoy nunca ha podido quedar embarazada. Les voy diciendo todo eso para que se vayan formando una idea, de la prueba que Dios me ha impuesto.

Un día recibí en mi casa a la pobre alma descarriada de John Jairo, que cansado de estar deambulando por estos mundos, finalmente dobló rodilla, y humildemente le pidió al señor, que lo sacase de ese corrupto mundo, en el que él desde hacía muchos años vivía. Él lo encaminó, hasta la puerta de mi Iglesia, y al encontrármelo muerto de hambre y le ofrecí ayuda.

Irma mi mujer desde el principio, me dijo que ese tipo le daba mala espina, pero no le hice el menor caso, es más hasta le di alojamiento en mi propia casa. Lo que después sucedió de seguro fue obra del demonio, ya que por la manera en que mi mujer me lo contó, no me cabe la menor duda de ello. A medida que pasaban los días, constantemente Irma me daba alguna queja, de John Jairo, que si era un vago, que la miraba de manera rara, que yo le había dado mucha confianza a ese tipo,

Yo por mi parte le decía que le tuviera paciencia, que el amor de Dios todo lo puede, y ella resignada dejaba de hablarme de JJ. Pero después de unos cuantos meses de tener viviendo a John Jairo en casa, por circunstancias que desconozco, la reunión anual de pastores de las Iglesias Evangélicas Unidas Incorporadas se suspendió, por lo que sin más nada en mi agenda, regresé a casa.

Como uso y costumbre apenas entré, me dirigí al baño de nuestra habitación, pero al llegar frente a la puerta de nuestro dormitorio, me quedé petrificado, John Jairo se encontraba arrodillado en mi cama, completamente desnudo, y de espaldas a la puerta por lo que no se dio cuenta de mi presencia. Mientras que Irma, para mí completo asombro y mayor sorpresa se encontraba igualmente de desnuda que él, pero con su rostro a la altura del miembro de él, no es que yo sea una persona totalmente inocente, pero en esos instantes me quedé en blanco, no entendía el ¿por qué? Irma se encontraba así desnuda y en esa incómoda posición, no fue hasta que lo escuché a él decirle a ella. Que rico mamas mamacita.

Yo como les dije me quedé como en blanco, ni mis piernas, ni brazos o boca me respondían, quería gritarles, insultarlos, caerles a golpe a los dos, pero no podía mover ni un dedo, solamente podía verlos y escucharlos. Por un rato definitivamente ella se lo estuvo mamando a él, con su boca, para después sin darse cuenta de mi presencia, sacar el miembro de JJ de su boca, y recostarse boca arriba, en nuestra propia cama, Irma abrió completamente sus piernas, le dijo a John Jairo. Papi chulo dame bien duro. JJ se acomodó sobre ella, y pude ver con todo el dolor de mi alma, como él le fue enterrando por completo todo su miembro dentro del cuerpo y la vulva de Irma.

En mi sorpresa me quedé como les dije en blanco sin poder moverme, y fue que se me ocurrió ponerme a orar, pidiendo con toda la fuerza de mí alma, que me diera las fuerzas suficientes, para no matarlos a los dos. A medida que yo oraba insistentemente, no dejaba de ver como sus cuerpos sudaban y se movían salvajemente sobre mi cama. Yo doblé mis rodillas y continué orando ferviente, sin poder despegar mi vista de sus cuerpos, observándolos como se contorsionaban y movían, como el miembro de John Jairo entraba una y otra vez dentro del coño de Irma, la que a su vez movía sus caderas de una manera que yo jamás me la hubiera imaginado.

Además de ese martirio, tuve que escuchar, todas las cosas que se decían mutuamente. John la sujetaba con fuerza contra su cuerpo, mientras que Irma movía sus caderas como una desquiciada. Sus gemidos y profundos suspiros de placer, atormentaban mis oídos, así como el verlos a ellos dos lastimaba mis ojos, con los que no podía dejar de verlos a ellos dos, a ese hombre al que yo le había abierto la puerta de mi casa, penetraba una y otra vez a la que debía ser mi casta esposa, la que de cuando en cuando le decía a su amante que le diera más y más duro.

Yo estaba sorprendido tanto de ver como mi mujer se movía sobre la cama como si estuviera poseída por el demonio, porque no puede ser de otra manera. Como de escuchar como Irma le decía cada cosa a John Jairo, que el solo hecho de escucharla a ella, bastaba para que mi presión se me subiera. En medio de su orgía, cambiaron de posición, colocándose ella en cuatro y él se colocó tras el cuerpo de ella dirigiendo su miembro a las nalgas de mi mujer. Por unos instantes pensé que se lo estaría metiendo por el culo, pero cuando escuché a Irma decirle claramente a él que no le diera por el culo, en ese momento que ella le decía cuando, me dejó más sorprendido todavía.

Momentos más tarde la escuché casi gritando pedirle a John Jairo que se lo metiera por el culo, cosa que él sin perder tiempo así hizo, el grito entre placer y dolor que Irma dio, me permitió volver a reaccionar. No bien ellos terminaron en medio de sus gritos y resuellos, que yo me levanté del piso y me dirigí al templo, sin hacer ruido. De seguro se dieron cuenta de mi presencia al salir de la habitación, ya que había dejado mi maletín abandonado en el pasillo frente a la puerta de mi cuarto. Al llegar al templo, durante todo el tiempo me puse en oración, y abrí la biblia buscando una señal. Fue cuando entró Irma, llorando a lágrima viva pidiéndome perdón.

Lo cierto es que no pensaba ni dirigirle la palabra, pero al dar un corto vistazo en la página en que se quedó abierta mi biblia, no tuve más remedio que escucharla resignado, ya que en el viejo testamento en el mayor de los profetas menores, se habla de cómo Dios le ordenó a Oseas que se casase con una prostituta, y después de que ella lo dejó Dios le ordenó a él, que la volviera a recoger….

Irma se arrodilló frente a mí, y de inmediato siguió pidiéndome perdón y pidiéndome que por amor a Dios la dejase escucharla. Yo sin decir palabra asentí con la cabeza, y ella de inmediato me dijo, que desde hacía varios meses, se estaba acostando con John Jairo, pero era algo que ella no podía controlar, ya que como yo sabía desde que él llegó a nuestra casa, ella me dijo que él no le agradaba y se la pasaba dándome quejas de él. Pero a los pocos días, en un momento en que yo me encontraba en el templo, organizando uno de los ministerios de oración. Irma me dijo que después de haber terminado de recoger la mesa, sintió mucho calor por lo que decidió darse un baño más que todo para refrescarse, pero que al salir de la ducha se acordó que la blusa que pensaba ponerse, la tenía en la secadora, y al ir a buscarla, solamente se puso la toalla alrededor de su cuerpo, pensando que el pesado de John Jairo se encontraba acompañándome.

Cuando llegó a la secadora, de momento que se abre la puerta del baño pequeño, y frente a ella se encontraba él, completamente desnudo, secando su cuerpo ya que terminaba de ducharse y al parecer no se dio cuenta de que la puerta se había abierto. Irma de manera avergonzada me confesó que al ver esa inmensa cosa que le colgaba entre las piernas a John Jairo, quedó completamente impresionada. Cuando él levantó la vista y vio a Irma, a ella como que la mente se le nubló y lo siguiente que recuerda es que ambos se besaban completamente desnudos, su toalla estaba tirada en el piso, y un diabólico deseo de sentir esa cosa dentro de las carnes de ella, se apoderó de Irma. El mismo insano deseo que según Irma la ha llevaron hacer cosas inconfesables, como el permitir y hasta desear, que él penetrase por dé tras, así como de la misma manera le ha provocado a los dos, ganas de tener sexo oral, hasta dentro del mismo templo.

Irma me confesó que ya había perdido la cuenta de las muchas veces, que tanto ella como John Jairo habían cedido a la tentación, en ocasiones llegando hacer esas cosas hasta más de dos veces en un mismo día. Como en nuestra Iglesia no se acostumbran las confesiones individuales, yo le dije a Irma que no tenía más nada que decirme, además me di cuenta de que en parte el solo escucharla me estaba excitando mucho. Por lo que le dije que yo la perdonaba, pero ella continuó insistiendo en pedirme perdón y continuar contándome, con bastantes detalles lo sucedido entre ella y John Jairo, yo le volví a decir que la perdonaba y que no le guardaba rencor alguno, pero también le recordé, que ya no era a mí a quien debía pedir perdón. En el culto que di al siguiente día en la noche, en el momento que acostumbro a pedir que me den testimonios de fe, la primera en pararse fue Irma, y frente a todos los feligreses que asistieron al culto esa noche, pidió perdón a Dios. Explicando claramente cuál había sido su pecado, y con quien y como lo había realizado.

Como al mes, regresó John Jairo me pidió perdón, el que le di, sin rencor alguno. Al igual que Irma también durante uno de los cultos le pidió perdón a Dios. Después de eso, lo volví a recibir en casa. Lo malo de todo eso, es que soy yo el que se deja llevar por la tentación, y le he llegado expresar a mi mujer y a JJ, ese oscuro deseo de volver a verlos juntos. Irma al principio me dijo, que no la tentase, John Jairo por su parte, no dijo palabra alguna, hasta que recientemente durante la cena, se lo volví a confesar a los dos, ellos dejaron sus cubiertos sobre los platos, y mientras se veían a los ojos, como si yo no estuviera presente, se comenzaron a besar y acariciar mutuamente, y a medida que John Jairo introducía salvajemente su lengua dentro de la boca de mi mujer, ella comenzó a desprenderse de toda su ropa, hasta que ella quedó del todo desnuda frente a nosotros dos.

Por un buen rato mientras que estando yo sentado a la mesa, los seguía observando. Irma del todo desnuda, se dejaba acariciar por JJ por todo su cuerpo. Sus gemidos no se hicieron esperar, y volteando a verme a los ojos, le dijo a su amante, que se lo metiera sin piedad. John Jairo extrajo de su pantalón su inmenso miembro, que al yo volver a verlo, nuevamente quedé impresionado. Frente a mí, ante mis propios ojos, tanto Irma como John Jairo volvieron a fornicar, extasiado me quedé viendo como mi mujer disfrutaba de las profundas penetraciones, que él le propinaba constantemente con su verga. Irma movía todo su cuerpo, restregándolo una y otra vez con fuerza contra el cuerpo de él, como buscando obtener un mayor placer.

Mientras que yo, del todo fuera de mi control, no dejaba de verlos, escucharlos y hasta de sentir el olor a sexo que ambos expedían a pocos pasos de mi. En una de esas, dirigí mi mano a mi miembro, el que apenas extraje de mi pantalón, comencé a masturbar. Aunque consciente de que había caído en la tentación, y que a la vez había hecho volver a caer a mi mujer y a nuestro huésped, no dejaba de disfrutar intensamente de ver lo que ellos hacían.

En cierto momento, John se incorporó sacando su verga del coño de Irma, dirigiéndolo de inmediato a la boca de ella, mi mujer tomó la verga de él entre sus dedos, y de manera seductora comenzó a pasar su lengua a todo lo largo de esa inmensa verga. Hasta que se dedicó a mamarla completamente, por un buen rato. Yo estaba a punto de venirme, cuando John nuevamente retiró su verga del cuerpo de Irma, y sin más ni más, colocándose tras ella, se lo ha enterrado completamente dentro de su culo, mientras que yo continuaba sin quitar mis ojos de sus cuerpos, los gritos de Irma no se hicieron esperar, pero a los pocos segundos, la volví a observar moviendo sus nalgas viciosamente contra el cuerpo de John Jairo.

Él prácticamente metió una de sus manos dentro del peludo coño de Irma, la que al sentir los dedos de su amante, comenzó a chillar de placer, hasta que quizás al mismo tiempo que ellos llegaban a disfrutar de un estruendoso clímax, yo terminé viniéndome entre mis dedos. Después de esa noche, nada ha vuelto a ser igual.

Si ocasionalmente Irma y yo mantenemos relaciones sexuales, pero me parece que lo hace más por lástima hacía mi persona que por el placer o amor que pueda sentir. Pero para serles sinceros, yo disfruto mucho más cuando la puedo ver a ella y a John Jairo teniendo relaciones en mi propia cama.