Como todos los domingos en la mañana, Ignacio se metió en mi cama, más somnoliento que de costumbre, para cumplir con el rito de tomar desayuno juntos. Así lo hacíamos desde que, deshecho mi matrimonio, él decidió quedarse a vivir conmigo y no con su padre.
De esto hacía ya tres años y ahora, siendo ya un soberbio muchacho de 21 recién cumplidos, él aceptaba con gusto este rito, pues en esos momentos podíamos conversar con calma todo cuanto le había pasado en la semana además de dejarse regalonear por su madre. Yo estaba realmente orgullosa de mi hijo y lo quería por sobre todas las cosas. Se había vuelto a dormir a mi lado y cuando nos trajeron el desayuno debí despertarlo. Fue entonces en que, abriendo apenas los ojos me dijo con una voz así como de hombre maduro.
- Anoche
La verdad en un primer momento me descolocó la información y no le dije nada. Entonces él me lo dijo de nuevo
-Que anoche estuve en mi cama desnudos con
Mi hijo, como ya dije es un hombre adulto y lo que me decía no debiera haberme sorprendido, pero sucedía que
- Ah... mira tú... ¿y cómo fue eso? ... pues cuéntame.
Ignacio, que ya se había despertado por completo, y devoraba con ansias su desayuno me dijo revolviéndose el cabello.
- Es una bestia ma... es increíble en la cama. Mira tiene una piel muy suave aunque no tanto como la tuya, me dijo, mientras acariciaba mi hombro desnudo, para luego continuar con entusiasmo.
-Sabes, ella no se anda con preámbulos porque comenzó a acariciarme la cara con sus tetas y me puso sus pezones en la boca para que yo se los besara y son deliciosos aunque no son tan duritos como los tuyos cuando yo te los he tocado. Y sabes que en seguida me montó, así de frente, metiéndose mi polla en su coño y comenzó a moverse como una Diosa. Me dijo que le cogiera las nalgas con mis manos y de ese modo pude apreciar como movía el culo de una manera deliciosa. Tiene unas nalgas grandes, mami, pero muy ricas. De verdad me ha gustado tu amiga, me ha hecho disfrutar cosas que no había vivido con esas chicas más inexpertas de la universidad.
Después de esta conversación que me había sumido en un profundo silencio, Ignacio salió de mi cama y cuando se marchaba después de darme un beso, noté la tremenda erección que soportaba el pantalón de su pijama. Era evidente que Vivi lo había impactado. Lo primero que me dije fue que no había nada anormal en lo sucedido y que más bien era una muestra que mi hijo llevaba un desarrollo sexual más que normal, capaz de inspirar deseo en una mujer madura y de experiencia y que eso le garantizaba un futuro íntimo de buen pronóstico. No era eso lo que me inquietaba. Era algo más bien indefinido que me corroía suavemente desde muy dentro, algo parecido a los celos, pero que se me parecían en este momento absurdos, pero era algo así más parecido a la envidia. Si... era una envidia de Vivi. Una envidia que se perfiló mejor mientras me duchaba y al acariciarme mis pechos bajo el agua tibia me parecían quizás menos atrayentes que los de mi amiga y mi trasero quizás menos paradito y mis muslos y mi coño y mis pezones.
Cuando una hora más tarde nos encontramos, mi amiga se mostraba primaveral y alegre. Antes que yo le insinuara nada me cogió del brazo y me dijo.
-Tengo algo fantástico que contarte-.
En seguida se dio, sin introducción alguna, al igual como me lo había dicho Ignacio a narrarme todo lo sucedido.
-Es un tesoro, tu hijo... es un tesoro. Tú no puedes saberlo, por supuesto, pero yo puedo contarte. Para que te sientas orgullosa. Nada de inhibido. Me ha agarrado como si yo fuese su amante de años, ha sabido buscarme todos los rincones, me ha penetrado como un experto y he debido ahogar mis gritos de placer para que tú no despertaras en el cuarto contiguo.
Hace maravillas con mis tetas, me las ha mordido ocasionándome pequeños dolores fabulosos, y su polla, querida, esta fuera de toda comparación, me ha hecho abrirme como nunca, ha empujado mi fondo más allá de lo habitual, me ha hecho un sube y baja levantándome en el aire y cuando mis tetas se quedaban arriba yo ya estaba clavada por él hasta mi más profundo fondo para luego descargarme una cantidad de leche increíble, si tú vieras.
Entendí que su relato había terminado o más bien yo no quería saber más detalles y no supe que hacer ni que decir. La invité a pasar a la mesa y solo le dije:
-Me alegro querida, me alegro-, pero la verdad que la alegría era el sentimiento más lejano que yo podía albergar en ese momento.
No se si Vivi apreció la expresión de mi rostro, pero yo si aprecié la expresión del suyo. Era de una satisfacción perfecta y el rictus de una calentura permanente.
-¿Qué podía hacer yo? Nada. Éramos las tres personas adultas.
Esa noche de domingo después de una larga y alegre conversación de sobremesa nos despedimos amigablemente y nos fuimos cada cual a su cuarto. Ellos no denotaron ninguna actitud especial ni algún guiño ni palabra que revelara un proyecto erótico especial para la noche. Me dormí rápidamente, pero luego desperté. Quizás por algún ruido en la casa y de inmediato pensé que Vivi, camino del cuarto de Ignacio, en la oscuridad, había tropezado con algún mueble en el pasillo y eso me había despertado.
Seguramente ahora ya estaba en su cama y se buscaban en medio de una pasión más desatada y libre por cuanto ambos estaban ciertos que yo conocía su relación. Así ahora ella no se mediría en sus hazañas, no tendría ningún pudor si es que los tuvo alguna vez .Ahora si le pediría a Ignacio que se la montara, como la yegua puta que era, y estaría enseñándole todos sus trucos de hembra promiscua, haciendo maravillas con su coño experto . Quizás le estaría pidiendo que se lo mamara, que se lo lamiera, que la penetrara con su lengua y con seguridad pronto escucharía yo sus gritos de placer cuando Ignacio le mandara la polla hasta el fondo de su coño de yegua caliente.
Y mientras tanto yo estaba aquí en mi cama, desnuda y sola, con mi propio coño latiendo de calentura sin poder evitarlo, porque había andado el día completo pensando en eso. Tratando de sujetarme el sexo con ambas manos para que dejara de latirme y soportando las ansias desesperadas de masturbarme. Porque había revuelto mi cuarto entero buscando un vibrador que sabía que guardaba en alguna parte y sabía que era de mi tamaño adecuado y revolvía mi ropa porque estaba segura que podía estar ahí y lo único que deseaba era encontrarlo y metérmelo hasta mi profundo fondo para calmarme y no lo había encontrado y ahora la imagen de Ignacio tirando con la yegua ahí a unos metros de mi cuarto me estaba matando y entonces me levanté de la cama y comencé a caminar desnuda en medio de la oscuridad.
Yo había dejado de pensar y eso me había aliviado, caminaba en la oscuridad y además con los ojos cerrados, como si no quisiera ver lo que tenía tan claro en mi mente. El sexo me latía tan fuerte que casi me dolía y mis pezones estaban tan duros que podía apreciar en ellos el aire tibio de la noche. No sabía lo que haría al llegar a su cama solo se que caminaba hacia un destino que nadie ni nada podría evitar...
Pero cuando me metí en la cama me di cuenta que Ignacio estaba solo y yo ya no podía detenerme. Metí su polla divina en mi boca como lo había imaginado durante el día entero y comencé a mamársela con un deleite infinito y él levantaba su culo para metérmela más adentro, yo no sabía donde, pero si estaba más allá de mi garganta. Sus manos se apoderaron de mis nalgas acariciándomelas y recorriéndolas lo que hacía aumentar más mi deseo por él.
Después de un momento me acomodó con autoridad en el centro de la cama y me clavó como nunca jamás lo habían hecho. Yo se la sentía latir y hacía lo posible por mordérsela con mi tubo para barrer desde el todo recuerdo que pudiera haberle dejado la puta de Vivi y debo haberlo logrado porque se quejaba de placer, como me quejaba yo en esos momentos supremos en que lo hacía mío en medio de la oscuridad.
-¿Se habría dado cuenta que era yo y no Vivi la que estaba en sus brazos?
Esa duda me excitaba aún más, porque yo si lo sabía. Yo era quien estaba allí haciéndolo feliz y sacando desde su pasión todos los frutos prohibidos que en ese momento me volvían loca y lo besaba entero sin dejar ni un solo centímetro de piel suya sin recorrer con mi lengua, para que nadie pudiese reclamar la propiedad de algo que era absolutamente mío, ahora para siempre.
Ya le contaría yo, si es que él no se había dado cuenta.
Cuando lo sentí latir muy profundo dentro de mí y su polla estalló con una abundancia inusitada llenándome completa, yo lo besé con furia apoderándome de su lengua mientras me deshacía en un orgasmo salvaje y hermoso doblándome sobré mi misma quejándonos ambos completamente unidos en el placer final. Fue entonces que escuché la voz de Vivi, como un susurro, desde la puerta.
- Ignacio... Ignacio... ¿estás ahí?
Y la voz gruesa de Ignacio respondiéndole.
-Si... Estoy con mamá...
Luego ambos escuchamos los pasos de Vivi alejándose por el pasillo.
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