LOS RELATOS DE LOS VAGOS

Mi hijo Gabriel tiene 20 años, al igual que Pablo, su mejor amigo, que es hijo de Gloria, mi mejor amiga desde tiempos del colegio. De verdad siempre hemos formado un grupo, casi como una familia extendida, y este hecho se acentuó desde el momento que nuestros matrimonios se rompieron. Desde esa fecha veraneamos juntos. Celebramos cumpleaños y fiestas en común y compartimos todos los eventos y novedades que se van presentando.

La tarde de ese sábado transcurría apacible en torno a la piscina de Gloria y las risas explosivas de los muchachos tendidos sobre el pasto nos parecían una música de fondo a nuestra conversación.

Hablábamos con Gloria de algo que nos tenía particularmente preocupadas como madres. Ninguno de los dos muchachos tenía, ni había tenido, ningún problema y sus desarrollos eran los normales, buenos estudiantes, deportistas y compañeros de viajes en los veranos y en las vacaciones de invierno. Tan solo que ninguno de los dos había manifestado el menor interés por mantener una relación con alguna muchacha. Parecía no llamarles la atención ni hacerles falta.

Esto era lo que nos preocupaba, pues aunque ni Gloria ni yo lo decíamos, ambas guardábamos el secreto temor que nuestros hijos resultaran al final con inclinaciones gays. Estábamos atentas a esta situación y yo diría que preparadas para enfrentarla.

Esa noche, ya sola en mi casa, mientras preparaba un jugo refrescante, Gabriel entró en la amplia cocina con el ánimo de ayudarme y de pronto con su habitual conversación alegre y chispeante me dijo.

- Mamá quiero hablar algo contigo, pero haz de prometerme que será un secreto absoluto entre los dos.

Un temor oculto me removió, porque recordé de inmediato nuestros secretos temores con Gloria sobre la amistad de los muchachos y este temor se multiplico varias veces cuando lo escuché decir.

- Se trata de Pablo mamá. Tengo que contarte algo sobre mi amigo Pablo. Hizo una pequeña pausa y luego continuó, para dejarme aún más conmovida. - Es algo que, en verdad, me da un poco de vergüenza contarte pero le prometí que lo haría- Sacando fuerzas de donde no las tenía le dije con la voz más serena que pude. -Vamos hijo tú sabes la confianza que tenemos, puedes decirme lo que quieras... y será nuestro secreto...no temas- Entonces lo escuché decir.

- Pablo quiere follar contigo.

Por un momento se hizo un silencio pesado en la cocina que luego fue roto por una descontrolada risa de mi parte. Esa risa era una reacción espontánea mezcla de sorpresa, y relajo. De algún modo aquel disparate mayúsculo que mi hijo me decía era liberador respecto al temor que me había embargado desde la tarde. Si Pablo quería follarme era porque naturalmente no era gay y por lo tanto Gabriel tampoco.

Cuando me calmé de reír pude por fin decirle a mi sorprendido hijo.

-Vaya – con que era eso- veo que Uds. dos han entrado de lleno al terreno de las fantasías sexuales imposibles, casi me siento orgullosa de ser la fantasía sexual de un muchacho tan apuesto como Pablo- dije - y volví a reír con ganas.

Pero Gabriel estaba demasiado serio como para seguir riendo. Arrimando un poco se sentó cerca de donde yo estaba de pie y me dijo: - No lo tomes tan liviano mamá, lo hemos conversado mucho. Yo al comienzo quise enojarme pero la verdad es que esta obsesionado contigo – luego continuó.- De verdad él te mira con ojos de hombre, de macho, entiendes... ¿No te has dado cuenta?

De verdad yo no me había percatado de eso.- Gabriel continuó su relato.

- El viernes pasado, cuando me contó esto, me llevó hasta su cuarto porque me dijo que quería mostrarme algo. Era increíble. Allí tenía en las paredes de su pieza tres fotografías tamaño póster de ti, Fotografías en bikini que él te había tomado en la piscina. Y tenía otras aún más audaces. Eran fotografías que él había copiado de páginas eróticas de la red, de mujeres en las poses más excitantes y que él había trucado poniéndoles tu rostro a esos cuerpos sensacionales. De verdad te veías excitante en ellas.

El relato de mi hijo se había tornado perturbador y si bien yo había terminado de preparar el jugo, la verdad era que me movía de un lado para otro en la cocina sin saber que hacer con el jarro en la mano. Gabriel se había dado cuenta que yo me sentía perturbada y continuó hablándome pero yo no podía irme y dejar de escucharlo. De algún modo me había quedado enganchado en la conversación. Me sentía extraña.

- Pablo dice que su consuelo en las noches es someterse a sesiones brutales de masturbación mirando tus fotografías, que alcanza grados de erección casi dolorosas – Yo lo vi mamá como se masturbaba y la verdad es que tiene razón al excitarse así, porque ahí te ves fascinante, una mujer brutalmente excitante.

Sabes, debes perdonarme, porque ese momento en su cuarto, creo yo también me excité con tu imagen y termínanos masturbándonos los dos mientras decíamos tu nombre... Haydee...Haydee y a mi se me olvidó completamente que era tu imagen y solo veía a una mujer maravillosa que me tenía caliente hasta la médula y solo esperaba que mi semen saltara con fuerza para dirigirlo hacia esa imagen..- Después de decir eso se quedó en silencio como sintiéndose culpable y esperando quizás un reproche de mi parte.

Yo estaba inmóvil frente a la mesa dándole la espalda a mi hijo pero ya me había dejado envolver por la atmósfera de su relato, y algo quería yo decir cuando sentí la mano recorriendo la redondez dura de mi culo por sobre mi falda diáfana, y percibí su caricia de hombre excitado y no hice nada ni dije nada porque sentía en mis nalgas una caricia desconocida y prohibida que me tenía definitivamente paralizada.

Gabriel había dejado de hablar pero seguía acariciando mi culo como dándome a entender que sus caricias eran más elocuentes que sus palabras para expresar lo que le estaba sucediendo. Yo sentía su húmeda y caliente respiración cerca de mi cuello y no podía ni quería moverme, hasta que de pronto sentí como mi falda delgada se mojaba con su semen, que luego de derramaba por todo el contorno de mi culo tenso, mientras él lo esparcía por sobre mis nalgas, golpeándolas con su palo aún tieso en medio de su descarga ya incontrolable.

Yo sentía la tibieza del líquido cuya segunda explosión azotó con fuerzas sobre mi culo y Gabriel se quejaba suavemente en medio de su orgasmo desencadenado. Solamente entonces me di vuelta hacia él. Había guardado su miembro ya casi en reposo y yo solo atiné a acariciarle el cabello apretando su cabeza entre mis pechos mientras le decía.

-Está bien... esta bien... tranquilo que todo se arreglará. Entonces él me dijo, tratando de aparentar serenidad. - Eso significa que si follaras con Pablo ¿Se lo puedo decir? - Y yo le dije que si.

Habíamos quedado en que mi hijo me dejaría sola en la casa en la tarde del día siguiente y que Pablo iría entonces con cualquier pretexto – Yo lo esperaría.

No sabía bien como enfrentaría esa situación, tan solo me daba cuenta que ya estaba metido en ella y no era tiempo de echar pie atrás porque las consecuencias podrían ser perjudiciales para los chicos y eso yo no lo quería. Por otro lado debo admitir que en la noche anterior había pensado bastante en lo que sucedería y había llegado a la conclusión que si el muchacho se inhibía frente a mi yo no haría nada por alentarlo porque de ninguna forma me quería sentir culpable ante mi amiga Gloria, que de esto no sabía nada.

No me vestí en forma especial ni alteré nada en la casa que Pablo conocía tan bien. No quería que pensara que yo le daba importancia a su descabellado deseo. La verdad era que yo pensaba que todo eso sería un gran fiasco pero trataría de no herir al muchacho ni hacer que se sintiera ridículo. No me lo permitiría.

Pablo llegó a la casa a eso de las cuatro de la tarde. Yo lo saludé alegremente y él me besó en la mejilla con un formal -Hola Tía, y se quedó ahí de pie frente a mi que con una sonrisa tonta en la cara. Era evidente que él no sabía como comportarse.

De pronto caí en la cuenta que naturalmente habría de ser yo quien tomara la iniciativa y sin decir palabra alguna tomé al muchacho de la mano y lo encaminé hacia la escalera que conducía al segundo piso donde se encontraba mi amplio dormitorio. Él se dejó llevar.

Me senté al borde de mi cama estando él de pie frente a mi completamente inmóvil. Lo miré hacia arriba mientras mis manos ágiles deslizaban la cremallera de su pantalón. Por esa abertura apareció el bulto prominente de su slip blanco y como él no dijera nada continué mi tarea deslizando su pantalón hasta el suelo luego él lo alejó con uno de su pies y entonces quedó ante mí el bulto fabuloso de su entrepierna

Hacia años que no hacía algo parecido, pero me di cuenta que hay cosas que no se olvidan con el tiempo. Deslicé su bóxer y apareció ante mi algo realmente inesperado Era simplemente gigantesco para lo que yo conocía. Si bien su longitud era impresionante más me impactó su grosor, era seductor, admirable y temible, si, temible, porque mientras lo tenía en mi mano apreciando su peso me di cuenta que aún no estaba totalmente erecto y esa observación me llenó de una calenturienta ansiedad.

Comencé a masturbarlo suavemente y cuando comenzó a engrosar lo metí en mi boca ansiosa por dar esas caricias que hacía años no brindaba a nadie. Palpitaba en mi boca apretado contra mi paladar y sentía como se endurecía paulatinamente mientras me deshacía de mi blusa y le dejaba jugar con mis pezones que me apretaba sin delicadeza, solamente con deseo de macho joven un poco desbocado.

Cuando ya no me cabía en la boca lo saqué, y lo miré y en ese mismo momento mi sexo latió con fuerza expresando una mezcla de deseo y temor. Me tendí en la cama con los muslos separados y mi sexo chorreante, con la absoluta certeza que me partiría en la penetración pero también con la seguridad de que por nada del mundo me iría de ahí y abrazándolo por las caderas me lo eché encima, cerré los ojos y me dispuse a ser despedazada.

Fue acertado que Gabriel nos hubiese dejado solos porque el grito que emití cuando me traspasó, llenó toda la casa. Era un grito mezcla de dolor y placer o sea el verdadero grito del sexo completo. Mi reacción física fue separar más las piernas y levantarlas, de ese modo lo pude acomodar mejor y percibir con calma el disfrute infinito de ser follada de la forma como Pablo lo hacía.

Entonces recuperé los años perdidos y me moví y grité y hablé y le dije de todo o lo incité a que me dijera todo y como él no sabía yo le enseñé las palabras adecuadas Y seguí enseñándole todo lo que yo sabía y que había olvidado y que rememoraba ahora para él mientras entraba y salía sin descanso y sin medida.

No descansamos en ningún momento yo no quería y él no podía detenerse. No se cuantas veces se derramó en mi, ahí adentro sin salirse, llenando mi cueva con su liquido denso y caliente que no paraba de fluir, mientras yo latía y latía sin pausa y sin tregua, hasta que después de follar quizás dos horas le sentí dormido a mi lado mientras mi sexo seguía latiendo, y me di cuenta que lo había rendido y me sentí joven, más joven de lo aún soy y me sentí viva, libre y hembra con una felicidad que solo tenía dormida pero nunca olvidada.

Me levanté sin despertarlo. Me puse de pie y caminé hasta el espejo con mis piernas separadas, porque no podía juntar mis muslos. Tenía un rostro de felicidad y estaba hermosa.

Una corriente de placer subía desde mi vientre, y al mirarme entre mis muslos vi la caverna roja, brillante y hermosa, que el prodigio de su sexo me había construido y desde cuyo centro, rodeado por los labios casi triturados, brotaba esa corriente placer que aún me agitaba.- Tengo que contárselo a Gloria- .