Publicidad:
La Coctelera

LOS RELATOS DE LOS VAGOS DE LA PLAZA; SECCIÓN Nº 2

Los mejores cuentos eróticos conseguidos en la red

22 Agosto 2009

EL EQUIPO DE BÁSQUET

EL EQUIPO DE BÁSQUET

Fue un día que fui a ver un juego de baloncesto cerca del pueblo donde yo vivía. Fui a verlo ya que mi primo jugaba con uno de los equipos y este primo siempre me gustó. Me vestí sencillita, pero bien provocativa. Tenía 20 años y mi cuerpo es bien torneado, con unos senos promedio y unas nalgas redondas y grandes para el resto de mi cuerpo. Soy trigueña, tipo india con el pelo largo, mido 5 pies con 4 pulgadas, peso 123 libras con unas medidas de 34C-25-36. Sabía que debido a mi cuerpo y a la ropa que llevaba puesta cuando mi primo me viera se le saldrían los ojos.

Cuando llegué, pude ver que no había mucha gente presente y la cancha era en un sitio un poco apartado y solitario. Nada, el juego estuvo bueno a pesar que el equipo donde jugaba mi primo perdió por 4 puntos. Cuando terminó el juego, mi primo me llamó para presentarme muchos de los integrantes del equipo. Todos estaban locos conmigo, creo que yo era la única chica joven que se encontraba sola en el área y pues estaban todos esos jóvenes fijándose y mirándome mucho. Era un equipo juvenil, eso es una liga de 18 a 21 años.

Después que todo el mundo se había marchado y los muchachos habían terminado de platicar sobre los incidentes del juego deciden ir a las duchas a bañarse y cambiarse. Mi primo me dice que entrara por lo menos hasta los casilleros para que no me quedara sola en el área. Era de noche y en adición a eso, en la cancha solo quedaba los muchachos compañeros de equipo de mi primo y tres padres que estaban esperando a sus hijos. Pues, decido quedarme afuera platicando con uno de los padres. Realmente no me atrevía a entrar al los casilleros con tantos hombres allí. Nuevamente, me quedo sola ya que los hijos de los padres que estaban conversando conmigo habían salido y se habían marchado. Ni modo, no quería quedarme sola, tuve que entrar. Tan pronto entro y me siento frente a los casilleros, podía apreciar desde ese ángulo a todos los jóvenes que se encontraban bañándose, no podía desviar la vista. Nunca había visto tanto hombre desnudo.

Podía ver pingas de todos tamaños y tipos. Me sentía húmeda ante ese espectáculo. Mi primo se me acercó, completamente desnudo, tapándose solo de cintura hacia abajo con una toalla y me dijo que esperara un poquito, que tardarían por que habían solo cuatro duchas y ellos eran mas de diez. A mi no me importaba, quería seguir mirando aquellos penes. Me sentía excitada y maquinando en mi mente un montón de fantasías. Se me acerca un joven desnudo, como si eso fuera normal y me pregunta mi nombre. Yo no podía despegar la vista de su linda verga y sin yo contestarle, me acerca la pinga y me pregunta que si le gustaba. Solo sonreí, él tomando eso como un si, e inmediatamente tomó mi mano y la puso en su pene.

Después de manosearlo un ratito, escucho que otra persona se acerca y cuando miro, viene otro joven ya con el pene semi erecto. Se me acerca por la espalda y comienza a darme golpes con el pene por encima del hombro. Ya me estaba mamando la del primero y manoseando la del segundo. En un abrir y cerrar de ojos estaba rodeada como de diez hombres desnudos. Un equipo de baloncesto casi completo. Estaba bien bellaca, estaba loca por que comenzaran a quitarme la ropa, podía sentir mis panties mojados y mis pezones endurecidos.

La primera polla que me estaba mamando derramó su leche en mi blusa siendo esto un motivo para que uno de los jugadores me quitara la misma. Me quitaron todo, y allí estaba yo, loca por que todos esos hombres atléticos, grandes y con buenos cuerpos me cogieran. Podía coger la que me diera la gana. Uno de los chicos me levantó y me dijo que me trepara en el banco. Este comenzó a lamerme mi chochito bien afeitadito y otro se fue por detrás y me pasaba la lengua por la rajita, entre mis nalgas. Todos querían follarme, sentía un montón de manos sobándome el cuerpo y dedos penetrándome por mi chochito y mi culito. De momento uno de ellos, así yo trepada en el banco me dijo que me doblara y colocó su verga en mi vagina y la penetró de un solo empujón. Fue un poco bruto, pero me gustaba el momento.

Comenzó a follarme fuertemente mientras otro me la colocaba en la boca. Me dio con mirar hacia alrededor y veía como aquellos chicos se masturbaban mirando mi cuerpo y deseándome. Cuando me volteo para uno de los lados, veo a mi primo en una esquina observando a su primita siendo follada por el equipo de baloncesto. Este también se encontraba desnudo manoseándose la pinga. La tenía enorme y doblada hacia un lado, aquella polla medía como catorce o quince pulgadas. Eso me excitó más, quería que mi primo se acercara a mí para yo tocarle aquella culebra.

Habían muchas vergas grandes, pero las que quería que me cogiera era la de mi primo y la de un moreno que estaba masturbándose a mis espaldas. La pinga de ese moreno era casi del grande del de mi primo, pero casi tres veces de ancho. ¡Que gruesa tenía la verga aquel moreno!. La cabeza del miembro le brillaba. Sentía mis piernas temblando de tanto que había cogido. Ya me había corrido como cuatro veces y me había tirado como a cinco hombres cuando se me acerca uno con la verga no muy grande, pero gordita y me dice que me relaje porque me va a coger por el culito. Sentí un poco de miedo por que aquello podía ser el comienzo de una larga cogida por detrás y ellos eran muchos. Me colocó la cabeza y me lo fue metiendo poco a poco. Sentí un poco de ardor al comienzo, pero mi anito se acostumbró rapidito.

Este tipo me bombeó el culo con fuerza y comencé a quejarme de dolor y placer. Era una mezcla de ambos. Siendo cogida por el ano, sentí un chorro caliente en mis espaldas y cuando voy a mirar para ver quien se había corrido, siento otro chorro de leche caliente que me da en la cara. Dos se habían corrido, parece que mis gritos y el compañero de ellos cogiéndome fuertemente por el culo, los había excitado mucho. El que me estaba cogiendo por el culo me llenó este de leche. Cuando sacó su pinga de mi culo sentía la leche saliendo y resbalando por mi rajita. Inmediatamente se colocó otro detrás de mí y comenzó a sembrarme su bicho por el culo. Ya me dolía mucho, nunca me habían dado tanto por el culito. Seguía gritando y quejándome, mientras seguía recibiendo chorros de leche caliente de diferentes hombres que se masturbaban mirándome.

Faltaban solo tres hombres y entre ellos estaban las dos pollas que realmente me gustaban. El largo bicho de mi primo y la gorda y larga maceta de aquel moreno. Eran dos miembros completamente diferentes, uno blanco y otro prieto, uno flaco y otro gordo, uno circuncidado y otro con el forro que le salía de la cabeza, uno doblado hacia el lado y el otro derecho hacia arriba. Estaba loca por sentir aquellas culebrotas en mi chocho. El otro chico que me cogía por el culo aceleró el ritmo hasta que me dijo que se corría, sacó ese bicho de golpe y me agarró el pelo empujándome hacia su pene, abrí la boca y tomé toda esa leche. Allí tomé por fin el pene de mi primo en mi boca, ¡que caliente estaba! Le mamaba un rato a mi primo y después al moreno.

El otro joven se colocó detrás y también quería mi culo. Como él tenía una verga pequeña y yo tenía el culito tan dilatado, le imprimí un ritmo tan pronto me penetró que lo hice venir como en dos minutos. Ahora tenía de frente las dos vergas más grandes y quería comérmelas. Quería que me bombearan duro el coñito. Después de mamarlas un rato, mi primo se colocó detrás de mí y comencé a sentir que me rozaba la cabeza de su largo pene por mi chochito. Me penetró, se deslizó rápido ya que mi primo lo tiene largo, pero no grueso, más bien delgado. Ufff, lo sentía en lo más profundo de mi vagina, sentía que me estiraban como nunca antes. Mientras el prieto me daba vergazos en la cara y me encantaba.

Este prieto tenía un bicho como de doce pulgadas, era como tres pulgadas menos que el de mi primo, pero este medía como 6 pulgadas de diámetro, era gordísimo. Mi primo de momento se detuvo y sacó la larga pinga y la colocó en la entrada de mi ano el cual estaba bien dilatado. No hizo mucho esfuerzo para penetrarme y fue metiendo suavemente aquel largo pene hasta que de repente sentí como que chocó en mis intestinos con algo. Hasta el momento, no sentía dolor solo gusto y bien cachonda que me encontraba, penetrada y observando al moreno masturbando aquel gordo bicho.

Mi primo comenzó a sacar y penetrar, imprimiendo rapidez al ritmo. Tiré la mano para tocar cuanto restaba por introducir, y todavía le faltaban como cuatro pulgadas. No iba a poder pasarlas, sentía dolor cada vez que la cabeza chocaba con algo adentro de mis intestinos. Mi primo me tomó por los brazos y el moreno comenzó a frotarme el clítoris y quería que me la metiera toda. Le dije: "dame con fuerza coño, métela toda, cógeme duro por el culo que me vengo. Y este forzó lo que restaba por entrar de una sola embestida, sentía que se rompía algo en los intestinos y un inmenso dolor se apoderaba de mí. Grité con fuerza "aaayyyyyyyy me duele, ayyyyyy, ya por favor. El moreno me puso la mano en la boca para disminuir el sonido. Los gritos se escuchaban desgarradores por el eco del cuarto de baño. Sentía ganas de ir al toilet. Tenía ganas de hacer caca y de orinar.

Después de unos minutos este tenía toda su larga pinga en culo. Me la sacaba y la metía con fuerza y rapidez. Sentía un inmenso gusto ya que me llegaba bien arriba en los intestinos. Podía sentirla por detrás del ombligo, era algo indescriptible. El negro estaba loco por follarme y quería darle la oportunidad. Le dije a mi primo que lo sacara para voltearme y el negro aprovechó para colocar su gordo miembro en mi vagina. Me llenó completa, moviéndose a un ritmo suave me hizo temblar como 15 segundos de una corrida que me di. El moreno se acostó en el banco y me dijo que me sentara encima de él. Comencé a ponerme el pene en el coñito y este se movía y me dijo que quería cogerme por el culito.

Pensé que ahora si sentiría dolor debido al grosor de este bicho. Lo coloqué y lentamente comenzó a abrir mi culo. Sentí un ardor inmenso, casi no me dolía de tanto que había cogido. Solo me ardía según rajaba mi culo. Lo metía y lo sacaba ganando más terreno adentro de mi culo, lo besaba por el cuello y me inclinaba para apretar mis tetas en su pecho mientras él seguía metiendo más ese inmenso pene por mi ano. Sentía mucho ardor y un poco de dolor, sin embargo, se me facilitaba la penetración estando sentada encima de él. Ya las nalgas golpeaban su pelvis y comenzó a levantarme y tirarme con fuerza.

Este prieto tenía unos huevos grandes y le guindaban mucho. Según se movía hacia arriba, tratando de penetrarme más, como estaba acostado, sus dos pelotas chocaban con el banco. Mi primo que se encontraba haciéndose la paja suave, me toma por los hombros y me dice que me vire de espaldas al moreno y le de el frente a él. Él y su compañero me ayudaron a darme vuelta sin sacarme del culo el pene del moreno. El moreno me tiró del pelo y quedé acostada, boca arriba encima del prieto. Mi primo me tomó por los tobillos y levantó las piernas, sujetándomelas luego por debajo de las rodillas el moreno. En esa posición quedaba a merced de mi primo. Clavada por el culo y con el chocho dando hacia el techo.

Mi primo se acercaba con el largo pene doblado para insertarlo en mi coño. Si, lo hizo, me dio como seis empujones y me vine tan fuerte que grité de pasión. Pero eso no fue todo, creía que me moría cuando sentí un inmenso dolor en mi ano abriéndose cuando otro bicho trataba de entrar por el culo ocupado. Mi primo intentaba meterme el bicho por el culo al mismo tiempo que el moreno. No podía creerlo, yo que había salido de mi casa a ver un juego de baloncesto estaba allí con dos grandes penes en el culo.

Cuando mi primo logró meter toda su verga, comenzaron los dos a realizar unos movimientos bien acoplados. El dolor iba en aumento, tal vez por la presión en las paredes del ano por aquellos dos enormes bichos, se me salía la orina. No la podía contener. Me corrí como dos veces y apreciaba como los jugadores se fueron acercando pajeándose todos alrededor de nosotros soltando todos chorros de leche caliente encima de mi cara, de mis tetas, de mi coño y estomago. Eso me hacia correrme, estaba bien caliente y quería mas…

Me sentía encharcada por el semen de todos esos hombres. De momento un quejido de parte de mi primo, me dice que se venia y quería echármela en la boca. Saco su largo bicho de mi culo dejando a su compañero de culo solito. Me dice "abre la boca, ahhhhh, que rico mami, trágatela, trágatela" este soltó cuatro fuertes chorros de semen adentro de mi boca y me lo hizo tragar e inmediatamente siento al moreno retorciéndose debajo de mí y sentí como un cantazo de corriente adentro de mi ano. Este se venía también. Cuando terminaron todos, quería bañarme ya que me sentía bien pegajosa de toda la leche que me habían echado encima y fui a las duchas.

Estando sola allí, veo a un jugador que no había visto cogiéndome ni pajeándose durante el acto. Lo veo como masturbándose. Le pregunto que donde había estado mientras los demás me cogían y este me dijo que había estado haciendo guardia en la puerta de los baños. Le dije que se acercara y acogí su pequeño pene en la boca y lo succioné como una aspiradora. Él me dijo que quería cogerme y no lo hice esperar. Parada allí mismo debajo de la ducha me doblé, tocando el piso le dije que me penetrara. Este también me comió el culito, llenándome de nuevo los intestinos de leche.

Me encantan los juegos de baloncesto. Ahora, yo con 33 años anhelo pasar por otra experiencia similar y no ha sido fácil. Después les contaré sobre experiencias que he tenido con mi primo luego de aquella noche de orgía.

 

servido por elpaskin8 sin comentarios compártelo

22 Agosto 2009

ME BAÑÓ CON SU SEMEN

ME BAÑÓ CON SU SEMEN

Hola, mi nombre es Mónica, soy mamá de dos hijos, y este es mi primer relato, me animé por el relato de alguien llamado Laura con la cual me sentí identificada y ella envió a esta página ciertos relatos, así que me animé.

Tengo 37 años, soy de contextura normal, busto grande (105) y cola normal, nunca me coloqué pantalones apretados pues en mi época no era la moda, faldas muy normales, y escotes siempre he usado, soy de cabello negro, a veces me lo tinturo, y considero que soy muy normal en el resto, pues bien mi relato se debe a mis hijos, ellos son Daniel y Lorenzo, de 18 y 19 años consecutivamente, ellos son muy deportistas y pues siempre nuestra relación fue muy normal, soy separada hace 5 años. Todo inició en mitad de año de este año, cuando Daniel llegó con un terrible dolor pero yo pensé que en la ingle, pues por la forma como se encogía, él no me dijo más que le dolía, fuimos esa tarde al doctor y pues lo reviso, mi hijo se paro dándome la espalda y se bajo los pantalones, me sorprendió ver que sus genitales se veían clarísimamente por en medio de sus piernas eran muy largos, el doctor le hizo hacer algunos exámenes, y a los días volvimos…

En esos días pensé que mi hijo se habría lastimado en sus partes jugando fútbol, al llegar el doctor dijo que él tenia Hiperspermia, lo cual me alertó demasiado, dijo que producía hasta 15 veces más de semen que un adulto normal, y pues que no era preocupante, me dijo que lo extraño era que mi hijo Lorenzo no tuviera ya que era una enfermedad congénita, dijo que para evitar molestias debía masturbarse mínimo 2 veces al día para no acumular cantidades de semen ya que esto le producía mucho dolor.

Todo este tema me ruborizó de sobremanera, no era para mi normal hablar de todo abiertamente con Daniel, pero preocupada por la salud de mis hijos me llené de valor y hablé con Lorenzo, siendo directa, contándole lo de su hermano y preguntándole si él tenía algo parecido, a lo que me respondió que si, pero que no jamás se había atrevido a contarle a nosotros sus padres, él me dijo que además no le parecía sano masturbarse tanto, y que él lo hacía era para evitar el dolor, le dije que de ahora en adelante no se preocupara por masturbarse ya que yo entendía que era por salud,

En adelante todo cambió, al día siguiente mi hijo estaba en el baño y yo golpeé, él me dijo, mami es que ya sabes que estoy haciendo, espérame 5, al oír esto algo pasó dentro de mi, al saber que mi hijo se estaba tocando a pocos pasos, los días se complicaron ya que un día al pasar por el baño escuché como gritaba Lorenzo:

- Siiiii, Uy, siiiii, perraaaa, siiii, tómalo todo ahhhh…

Eso la verdad me movió algo dentro de mí y no podía vivir tranquila.

Un jueves me llamaron al trabajo y me dijeron que fuera rápidamente al club deportivo que mi hijo se había lastimado, o lesionado, al llegar ya no estaba allí, me fui al hospital y efectivamente su mano derecha se le había quebrado al caer mal, le dieron incapacidad de 30 días, al llegar a casa lo traté muy bien dándole gusto en todo, pasaron tres días y ese domingo al llevarle el desayuno estaba con mucha cara de dolor.

-¿Que pasa mi amor? -No mami es que… -¿Qué sucede? -Es que no he podido liberar semen y me duele muchísimo. -¿Y porqué no te has masturbado?

Él me mostró su mano enyesada, a lo cual le pregunté, ¿Qué con la otra?, él dijo que era imposible, que había tratado y no podía, me preocupé demasiado y pensé en su novia o amigovia, pero me dio mucha cosa saber que yo alcahuetearía quien sabe que, así que pensé en ayudarle y ni si quiera mirarlo, se lo propuse y pronto dijo que le daría mucha pena, pero terminó aceptando, le dije que terminara su desayuno y le ayudaría, estaba más nerviosa que nunca.

Al terminar fui recogí todo y le dije bueno amor, bájate el pantalón, a lo que me dijo que no se podría ya que él no puede eyacular bien boca arriba, que lo mejor era de pie, a lo que le dije:

- Pues entonces ponte de pie…

Yo no me podía parar ya que era muy incómodo quedar cara con cara mientras yo lo masturbaba, así que me quedé sentada en la cama, el se quito el pantalón y quedo en bóxer, me dijo:

-¿Me ayudas a quitármelo?, es que por el yeso se me dificulta…

Yo le ayudé brincando casi sobre mi cara su pene medio erecto, yo empecé a acariciarlo sin siquiera verlo, cuando ya estaba más duro sentí que Lorenzo se empezó a emocionar, me dijo que yo lo hacía muy bien, pero que casi no podía concentrarse, le pregunté porqué, a lo que me dijo que estaba acostumbrado a imaginarse a su profesora de idiomas haciéndole sexo oral, y eso le ayudaba a eyacular, a lo que yo le respondí, que tranquilo, que cerrara los ojos y se la imaginara, él lo hizo,

-Oh si Mercedes, que Rico (Mercedes era la profesora)

Yo no dije nada pero vi como realmente se emocionó mucho…

-Mercedes dale, más rápido, métetela enterita…

Yo estaba muy confundida y algo nerviosa, de pronto siento como él comienza a mover la cintura un poco y como presiona su miembro hacia mi, yo lo tenía casi que pegado en mi cara, así pasaron unos minutos cuando de pronto noté que se iba a venir, y aun no se porqué no retiré el pene de mi cara y lo masturbé más rápido…Ya a estas alturas miraba más y veía que le salía un líquido transparente, pero no era semen, cuando de pronto se vino, eyaculando chorros espesos, a gran fuerza cayendo sobre mi frente y mi cabello, siguió eyaculando y me llenó la cara de semen…

Yo estaba asustada porque no paraba de eyacular, traté de mover su pene para un lado pero lo que hice fue llenarme todo mi cabello de semen, a los 15 segundos más o menos él terminó de eyacular, la cantidad era impresionante, yo estaba empapada, mis labios llenos de semen, yo pronto me paré y me salí de la habitación, al salir mi hijo me encontró de frente, como casi no podía ni ver él me preguntó:

-¿Qué pasó mami, y le respondí, nada amor, ayúdame a lavar…

Él me llevó al baño y limpió su semen con una toalla.

 

servido por elpaskin8 1 comentario compártelo

22 Agosto 2009

ROSA UNA TERNERITA HAMBRIENTA

ROSA UNA TERNERITA HAMBRIENTA

Hacía poco más de cuatro meses que Laura yo nos casamos. Nuestras relaciones sexuales han funcionado bastante bien ya que desde que comencé a trabajar como profesor de matemáticas en un pueblo cercano a Salamanca, ella se vino a vivir conmigo, de esto hace ya cinco años en los que, pobre de mí, creí conocerlo todo sobre las mujeres.

Los padres de Laura, Martín y Ana, tenían un restaurante en una zona de la Sierra de Cazorla, en un principio bastante deshabitada y que con el paso del tiempo se fue poblando de chalet que se diseminaban por una ladera hasta llegar al río. Cuando el padre de Laura se jubiló, cerró el negocio de restauración pero dejó intactas las instalaciones, "por si nos interesa alquilarlo" decía. Vivían en la parte de arriba del edificio, aunque toda su vida la hacían en lo que fue el restaurante.

El chalet que hay más próximo, al otro lado de la carretera, siempre había estado cerrado, decía mi suegro que era de una familia de Madrid, que los padres estaban ya mayores y a los hijos no les gustaba la sierra. Este año sin embargo, me sorprendió verlo abierto, con los toldos nuevos y macetas en las ventanas. Enseguida me enteré que lo había comprado un matrimonio de Alicante. Rosa, la nueva inquilina, y su marido habían vuelto de Alemania después de haber estado trabajando 20 años en una ciudad cercana a Munich. Con los ahorros, decía ella, habían cumplido el sueño de su vida: vivir en el campo.

Mi afición a la fotografía me llevaba todas las tardes a dar largos paseos por la sierra, estaba deseando llegar para "perderme" con la cámara. A la vuelta de mi primer paseo encontré a Laura con sus padres sentados a una mesa grande que había en el comedor del restaurante, justo delate del televisor. Ana se levantó.

- Mira Diego, estos son Rosa y Ángel, los nuevos vecinos.

Ambos deberían rondar los cuarenta y algo de años, Ángel era un tipo normal, más bien bajito y algo escaso de pelo, Rosa guardaba la esencia de haber sido una joven atractiva, sus ojos no eran grandes, pero esta carencia la suplía con un brillo pícaro en la mirada y una boca sensual. Su estatura era normal y estaba perfectamente proporcionada. Decir que es una joven en plena maduración, creo que la define perfectamente.

Estuvimos hablando un rato de mi afición a la fotografía, de las reformas que estaban haciendo en su nuevo chalet, de mi trabajo… Ellos volvieron a sentarse de nuevo a la mesa y yo fui al piso de arriba para dejar la cámara, ducharme y cambiarme de ropa.

Cuando volví seguían con su tertulia Ángel y mi Martín jugaban a las cartas y mi suegra deleitaba con relatos de la sierra, de cuando ella era una niña. Uno de los juegos que hacían entonces para pasar las veladas, consistía en hacer llegar un mensaje de una persona a otra sin que el que se quedaba lo interceptara, guiñar un ojo, tocar el pie debajo de la mesa, dar un golpe con la rodilla, eran algunas formas de transmitirlo.

Era divertido ver la cara que hay que poner para despistar. Rosa estaba sentada a mi lado, por lo que normalmente, los mensajes debían pasar de ella a mí o viceversa. Recuerdo que llevaba puesto un vestido abotonado hasta abajo por la parte de adelante que, al estar sentada, se le había subido un poco dejando ver un trozo de su muslo, terso y morenito, entre dos botones,

Aprovechado el mantel que había en la mesa, metí las manos debajo y el siguiente mensaje que envié a Rosa fue una palmadita en la parte interior de su muslo. Pareció no inmutarse, pero enseguida me devolvió la señal girándose un poco hacia donde yo estaba, poniendo la punta de sus dedos en mi sexo y presionando un poco. La erección fue casi instantánea. Ahora tenía más fácil el acceso a su entrepierna. Pasé las yemas de mis dedos rozando la parte interna de sus piernas hasta casi llegar a sus braguitas. Ella abrió las piernas y apoyando la espalda en la silla se deslizó hacia delante. Esta mujer me estaba poniendo a hervir.

- Alguien tiene un mensaje retenido desde hace un rato, reclamó mi suegra. La advertencia sonó en mi cabeza como una campana. Estaba tan atrapado entre las piernas de esa mujer que olvidé por completo que estaba jugando.

Terminamos de jugar y seguimos hablando.

- Me tienes que enseñar tu casa, le dije a Rosa, debe de estar quedando preciosa.- Cuando queráis nos hacéis una visita, dijo mirando a Laura haciéndola, de esta forma, partícipe de la invitación.

Aquella noche me hice una paja descomunal a la salud de mi vecina. A la mañana siguiente me levanté más tarde de lo que acostumbro, serían las diez de la mañana. Estaba preparando el desayuno cuando mi suegra entró en lo que antes había sido el bar y me dijo que había estado Rosa preguntando por mí y que cuando tuviera un momento libre me llegara por su casa para ayudarle con algo de una antena. Terminé rápido el desayuno y me fui en busca de Rosa.

En la casa parecía no haber nadie, grité su nombre un par de veces hasta que por fin, su voz contestó desde un jardín que hay detrás de la casa.

- Tienes una casa grande y muy alegre, nunca he estado aquí, la recuerdo siempre cerrada, le comenté mientras me aproximaba a ella.

Se inclinó para coger una maceta del suelo presentándome un culo increíblemente bonito, redondo y duro, en el que se dibujaban las líneas de unas braguitas pequeñas.

- ¿Te ayudo? - Si, por favor, se incorporó y puso su cara casi pegada a la mía, apaga esta fiebre que tengo desde anoche.

Me cogió del cuello y metió su lengua en mi boca y la movió con desesperación, como si el mundo se estuviera acabando.

- Tu marido nos puede ver. - Ha ido al pueblo y no volverá hasta mediodía. Hasta entonces quiero estar disfrutando de ti como una loca. Vamos dentro.

Entramos en la casa y cuando se volvió para correr el pestillo de la puerta, pegué mi polla contra aquel maravilloso culo mientras con las manos le masajeaba las tetas y le daba pellizcos en los pezones. Ella se pegaba más contra mí y movía las caderas para explorar la enorme polla que me estaba poniendo. Después, se volvió y acercó de nuevo su cara a la mía.

- Todo esto es tuyo, dijo comprobando con la mano a través del pantalón que las medidas que había tomado con su trasero eran ciertas. -Si quieres, te lo dejo un rato para que juegues. - Veo que te gustan los juegos…, decía mientras me quitaba los pantalones sin dejar de darme un intenso masaje.

-Jugamos a que soy una ternerita hambrienta y que necesita mamar su ración de leche, pasó la lengua por mi cuello, o, a que soy muy mala y me vas a dar en el culito con este garrote tan grande o, tal vez, te guste jugar a que soy una niña buena a la que vas a destrozar el coñito. Tú decides.

Se quitó el vestido quedando sólo con las braguitas y volvió a cogerme la polla.

- ¡Qué grande es!

Yo no daba crédito a lo que estaba ocurriendo, me había quedado mudo.

- Bueno, si no tienes ganas de jugar, seguiré con mis plantas.

Se giró para abrir de nuevo la puerta. La abracé por detrás y metí mi mano entre sus bragas, mi dedo índice enseguida se acomodó en su raja.

- Estás mojada. ¿Quieres que juguemos a que soy un pobre perdido en el desierto y sólo tengo esto para beber?

Saqué mi mano y chupé los dedos ya impregnados con su olor, pasé mi verga entre sus piernas hasta que pude cogerme el capullo por el otro lado para presionarlo contra su clítoris.

-¿Quieres que te dé un paseíto en mi caballo?, con el otro brazo la levantaba el suelo. Ella se movía como si realmente estuviera clavada.- No me hagas esto, apartó la mano que la masturbaba de aquella manera, fóllame, se apoyó en la puerta abrió las piernas y levantó un poco el culo. - Clávame de verdad. Me puse tras de ella, la metí de un solo golpe y comencé a bombear, Rosa seguía el ritmo moviendo las caderas y jadeando cada vez que entraba y salía de ella.

- Me voy a correr, quiero sentir como inundas mi coño, vente conmigo, vente conmigooooooooo.

Nos corrimos a la vez en un orgasmo interminable, mis piernas flojeaban, apenas me podía mantener de pie. La saqué despacio, mi semen goteaba por las piernas de Rosa. Se incorporó, nos miramos un momento y nos fundimos en un abrazo largo y callado.

- ¿Siempre eres así con las mujeres? - No, tú me has puesto como nadie lo había hecho. - Ven, me acercó a una pila con agua y me lavó, después de secarme, besó mi polla y la pasó por su cara.

- Cuídala, tiene que seguir dándonos buenos ratos. Tenemos todas las vacaciones por delante.

Salí de casa de Rosa pensando que aquellas paredes guardaban un tesoro, que bien administrado, haría que estos días en la sierra fueran inolvidables. Laura me estaba esperando en casa ya preparada para el paseo que solíamos dar todos los días hasta una venta cercana. Allí tomábamos una cerveza y volvíamos a la hora de comer. Laura hablaba de sus padres, de lo solos que deben sentirse en invierno y que debíamos portarnos bien con los vecinos nuevos ya que eran los primeros que llegarían en caso de necesitar ayuda.

- Me portaré lo mejor que pueda, comenté.

Pensaba en Rosa a cada momento. Me gustaría que Laura fuera como ella, que me hiciera amarla con la misma pasión, que disfrutara de mí como lo había hecho ella.

Por la tarde cogí de nuevo mi cámara de fotos dispuesto para mi particular safari. Ángel estaba en la terraza de arriba de la casa sin camisa y en pantalón corto, supuse que tomando el sol.

- Buenas tardes Ángel, - Buenas, vecino, contestó. Enseguida apareció Rosa sujetando con las manos una camiseta para cubrirse los pechos. - ¿Quieres que te acompañemos?

Me quedé pensando un momento...

-¿Dónde vamos con el capullo de tu marido? - Vale, os espero aquí. También pensé en la conversación con Laura, hay que llevarse bien con los vecinos, etc.

Rosa llevaba unos pantaloncitos que apenas tapaban su maravilloso culete y por delante marcaban un pubis que pacería de dulce. Ángel iba sin camisa y con pantalón de fútbol. Manejaba con torpeza una cámara de fotos. - Llevo con ella 20 años y no sé como funciona.

- Déjame, comprobé que efectivamente no tenía carrete, puse uno de los míos y se la devolví preparada. - Ya sólo mirar por la ventanita y disparar. ¿No? - Efectivamente le respondí.

Comenzamos a caminar, quería impresionarlos por ser el primer día que me acompañaban, y puse rumbo a una gran cueva natural que albergaba en su interior una cascada de agua. El camino era estrecho y tortuoso, discurría casi todo por el margen del río. Ángel tomó el papel de intrépido aventurero y caminaba delante, detrás iba Rosa y por último yo. Rosa bromeaba moviendo el culo delante de mí, se detenía y hacía ademan de atarse la zapatilla, lo que yo aprovechaba para pegar mi crecido pene a su trasero.

- Disculpe señorita. - Ha sido un placer caballero.

También subía su pantalón todo lo que podía hasta convertirlo en una tanga mientras simulaba correr macha atlética. Me estaba poniendo como una moto, tenía ganas de tirarla al suelo o clavarla como esta mañana. Esta mujer me estaba sacando loco. Tras una hora caminando, llegamos a la cueva que verdaderamente les impresionó.

- Haznos unas fotos para tener un recuerdo de este lugar, me pidió Rosa. - Vale, si os ponéis encima de esa roca, sale la cascada detrás.

Yo pensé en la clásica foto de la pareja en este o aquel lugar, pero salía de mi asombro cuando ella se recostó de pié en la piedra, abrió las piernas y comenzó a darse masajes en los pechos, levantaba su camiseta para dejarlos al aire y tiraba de los pezones mientras sacaba la lengua. Yo estaba por decir adiós muy buenas y marcharme de allí, pero Rosa me miraba fijamente, pasaba la lengua por sus labios y movía las caderas -Acércate, desde aquí salen mejor las fotos. Ruborizado, sin saber que hacer, me acerqué. Su marido estaba de rodillas delante de ella, le había apartado el pantalón a un lado y pasaba la lengua por el coño.

- Deja la cámara ya haremos fotos en otro momento. Ven conmigo amorcito. Vaya, si parece que te gusta, dijo mientas ponía la mano sobre el bulto de mi pantalón.

Eché su cabeza hacia atrás y di un profundo beso. Ella intentaba quitarme el pantalón pero en la posición que estaba no podía.

- Saca tu aparato que le voy a dar un regalito.

Ángel seguía excitándola con la boca como si fuera una máquina, parecía no oír ni ver lo que su esposa estaba haciendo conmigo. Bajé mis pantalones y mi miembro saltó como un resorte, lo apretó con la mano, una sonrisa lujuriosa se dibujó en su cara mientras apartaba a su marido.

- Mira que pedazo de polla me voy a comer, Ángel.

Me colocó en la misma posición que ella había estado, se inclinó y comenzó a chuparme el capullo como si estuviera comiendo un helado. Angel lamía su coño por detrás. Sujeté su cabeza y comencé a follarle la boca, tras bombearla unas cuantas veces, alzó la cabeza para respirar.

- Déjame hacer a mí, no te imaginas lo que es tener un pollón de estos en la boca. Limpió con la mano la baba que goteaba por la barbilla y la restregó en sus tetas. Estuvo un rato pajeándome y lamiendo mi capullo. - Dame tu leche, quiero que vea mi marido como me alimentas.

No podía aguantar más, cuando notó que me corría, se la metió hasta la garganta y exploté como nunca lo había hecho. Rosa devolvía bocanadas de semen que discurrían hasta empaparme los huevos y siguió mamando hasta que retiré su cabeza.

- ¿Te ha gustado?

No tenía aliento para responder. Lentamente recobré la normalidad, mientras miraba a Ángel, que parecía no haber sido testigo de lo que acababa de ocurrir. Verlo tan ajeno, tan tranquilo, me hacía sentir culpable.

-Tenéis que explicarme qué está pasando. -¿Porqué tenía que pasar algo? Respondió Rosa. Esto no es normal. No me conoces de nada, te lías conmigo delante de tu marido, él parece no ver o no sentir nada, ¿y me dices que no pasa nada, que esto es normal? - Yo he disfrutado, tú también y a Ángel no le importa. No hay que darle más vueltas. - Lo siento pero yo necesito saber algo más, no me siento bien, y no estoy dispuesto a prolongar esta situación. - Está bien, te lo contaremos todo, pero no es el momento. Mañana si te parece bien quedamos y saldrás de cuantas dudas tengas.

Volvimos más bien tristes, sin decir palabra. Esa tarde mis suegros no recibieron la visita de los vecinos, lo que achacaron a lo ocupados que estaban preparando su nueva casa. No volví a ver a Rosa hasta el día siguiente, por la tarde, cuando me disponía para mi paseo. Durante ese tiempo deseaba encontrarme con esa mujer. Pensaba que podría haberla herido de alguna forma, que lo que ella me había dado, no me lo había dado nunca nadie. De alguna forma necesitaba estar con ella. Aunque parezca mentira, me tenía enganchado, ansiaba abrazarla, protegerla.

Aquella tarde apareció con una camisa de cuadros y un pantalón vaquero, el pelo se lo había recogido en una coleta. Estaba para comérsela. Le pregunté por Ángel y me respondió que había preferido quedarse en casa. Íbamos caminando carretera abajo sin decir una sola palabra hasta que decidí romper el silencio. Bueno, creo que tienes algo que contarme.

- Lo primero que quiero decirte es que nada de lo que ha pasado en mi vida anterior, tiene que ver con lo que ahora siento contigo. Te cuento esto porque no quiero que te sientas mal, lo tuyo es diferente.

-Cuando nos casamos, yo quería a Ángel más que a nada en el mundo. Estaba enamorada hasta la médula. Él trabajaba como relaciones públicas para una cadena de hoteles. Compramos una casa en Alicate, cerca del hotel donde trabajaba. Su sueldo no era muy alto, por lo que a finales de mes pasábamos apuros para pagar la hipoteca y seguir viviendo. Estuvo buscando otro trabajo en el que ganaba más dinero y le ofertaron, dentro de la misma cadena, trabajar en Alemania, en la zona de Babiera.

Yo le animé y al poco tiempo nos fuimos. La verdad es que económicamente mejoramos mucho, además de en sueldo más crecido, el hotel nos proporcionaba alojamiento y comida por lo que, sacando nuestros gastos, ahorrábamos prácticamente todo el sueldo. Siempre habíamos dicho que cuando pagáramos la casa de Alicante volveríamos. Pasaron unos años y no sólo pagamos la casa, sino que teníamos algo de dinero. Ángel no quería volver, decía que estaba a punto de ascender en su profesión y que el ascenso se lo respetarían cuando aquí en España. Pasaba el tiempo y el ascenso no llegaba.

Un día volvió del trabajo muy preocupado. Dijo que su jefe había interpretado mal un comentario suyo y que estaba muy indignado, que aquello había tenido repercusión con unos buenos clientes y que podría incluso perder su empleo. Intenté consolarlo, diciendo que nos volveríamos a España, que viviríamos en la costa y que seríamos felices. Él se empeñó en quedarse hasta que aquel problema se solucionara, apelando a su orgullo profesional, etc.

Conocíamos bastante bien a su jefe, un hombre con casi sesenta años, con buena presencia, alto y fuerte como un roble. Habíamos cenado algunas veces con él y coincidido en varios actos organizador en el hotel: jubilaciones de compañeros, aniversarios… Últimamente noté que no me quitaba el ojo de encima y se excedía en detalles y cortesías conmigo, pero no le di la mayor importancia, soy bastante abierta en el trato con las personas y no estoy de mal ver, así que son bastantes los hombres que me miran con descaro o incluso me insinúan alguna aventura.

Tal vez, me dijo un día Ángel, si organizamos un encuentro que parezca casual con mi jefe, entre los dos le podamos hacer ver que queremos que las cosas vuelvan a su cauce y marcharnos para España lo antes posible. Me pareció buena idea. Simulamos que era nuestro aniversario de boda para invitar a cenar en casa a unos amigos, entre los que se encontraría este señor.

El día señalado, Ángel había salido por la mañana de viaje a Friburgo, pero llegaría a la hora de la cena. Todo estaba preparado. Hasta conseguí unas botellas de vino de la Ribera del Duero y me puse un bonito traje de noche para realzar mis encantos. Llegaba la hora de la cena y Ángel no daba señales de vida, comencé a ponerme nerviosa. Sonó el timbre y aparecieron su jefe y otro señor que se encargaba de las finanzas del hotel, creo. Les hice pasar y les serví unas copas.

- Enseguida viene Ángel.

Poco después sonó el teléfono. Era mi marido. Estaba muy nervioso, dijo que había perdido el avión y que hasta el día siguiente no podría volver.

- Atiéndelos lo mejor que puedas, cariño, lo mejor que puedas, y colgó.

Triste y sin saber muy bien qué pasaba volví al salón. Los dos hombres reían a carcajadas. Se sentaron cada uno a un extremo del sofá y me invitaron a sentarme entre ellos.

- No tienes que entrar en detalles, si no quieres. Rosa comenzó a sollozar. - No quieres saber la verdad, pues aquí la tienes.

Continuó con su relato. Los dos estaban pasados de copas. El jefe de mi marido tomó la iniciativa. Tiró del amplio escote de mi vestido y se asomó.

- A ver que tenemos aquí… ¡Hombre dos pastelitos!, el de la derecha para mí y el otro te lo comes tú, dijo a su compañero. Me sentí en el más bajo y sucio arrabal del mundo. Estaba a punto de vomitar y la cabeza me daba vueltas. Ángel no podía hacerme esto.

Los dos hombres comenzaron a sobarme las tetas y a tocar mis piernas. Luego comentaron que harían un sorteo para ver quien me follaría primero. No podía aguantar esa situación. Puse mis manos en cada una de las erecciones y comencé a pajearlos por encima del pantalón.

- No hace falta, creo que voy a poder con los dos juntos.- Vaya, Ángel no nos había dicho nada de esta habilidad de su mujercita. - Ángel no me conoce todavía.

Desabroché el pantalón del jefe y dejé su polla al descubierto. Acerqué la boca y golpeé mis labios repetidamente con el miembro duro de aquel hombre. Mientras, mi otro acompañante se había desnudado de cintura para abajo y de pie, cogió mi mano y la llevó hasta los huevos dándose una friega con ella, cuando la soltó comencé a hacerle una paja. Sólo rozaba con la lengua el capullo de jefe, lo que, aparte de excitarle, le desesperaba. Se levantó del sofá y se desnudó por completo. Yo aproveché para quitarme también mi maravilloso vestido de fiesta y mi sujetador.

-Ven aquí, zorra, y chúpamela como es debido. - ¿No te gusta como lo hago? Dije mientras me ponía de rodillas, - Pues a tu polla parece que sí...

Pasé mi lengua a lo largo de su miembro para meterla después por completo en mi boca. Sujetó mi cabeza para que no pudiera sacarla.

- Así, Así, cómetela toda, fóllame con tu boca.

Cuando conseguí desprender mi cara del vientre de aquel hombre me levanté y seguía pajeándolo. Miré a su compañero.

- ¿A ti no te gusta que te la chupen? - Me gusta que me la chupes tú, sabes mejor que nadie comerse un rabo. Toma este.

Me empleé a fondo con el segundo hombre. Tenía a los dos para explotar. Empujé al jefe hacia el sofá para que se sentara.

- ¿Sólo te gusta follar por la boca?, o quieres abrirme el coñito con este pedazo de carne. Me senté sobre él, dándole la espalda.

Me puse la polla en la puerta de mi abertura y poco a poco me fui dejando caer hasta que la noté toda dentro. Subí y bajé varias veces para lubricarme.

- Acércate, dije al compañero, quiero mamártela como nadie te la ha hecho antes. Acompasé mi ritmo para dar placer a los dos hombres a la vez.

- El primero que se corra tiene premio, quiero vuestra leche. Toma la mía zorra. Gritó con voz entrecortada el jefe mientras arqueaba la espalda. Noté su chorro cálido inundar mi vagina. Me separé despacio de él. - Ahora me tienes toda para ti solo. - No aguanto maaaaas.

Un caño de semen se estrelló en mi pecho mientas masajeaba los huevos. Restregué el liquido pastoso por mis senos mientas miraba como el miembro que tenía ante mis ojos perdía su dureza.

- Quiero mi premio, he sido el primero. Reclamó el jefe.

Me puse de rodillas entre sus piernas y limpié su polla con la lengua y la boca hasta que no quedó rastro de la tremenda corrida que había disfrutado.

- Bueno, ¿creo que lo habéis pasado bien?

Los dos hombres asintieron con la cabeza, sin fuerzas para articular palabra. Al rato, comenzaron a vestirse despacio, mientras fui al aseo. Nos despedimos en la puerta.

- Si queréis algo de mí, les dije cuando se marchaban, no os molestéis en venir a casa, me puedo pasar por la oficina o por donde me digáis. Cerré la puerta y lloré sin consuelo.

Al día siguiente llegó Ángel. No se atrevía a mirarme a la cara. Yo, muy fría, hablaba como si no hubiera ocurrido nada. Así estuvimos un rato hasta que se desmoronó en sollozos.

- Lo siento, cariño, no tengo perdón, se que no tengo perdón, pero no me dejes, por lo que más quieras, no te vayas de mi lado. - No te preocupes, me vas a tener siempre cerca, le contesté con ironía. Me miró fijamente y secó sus lágrimas. - El mes que viene, volvemos a España. -Ahora soy yo quien no quiere irse, repliqué.

A partir de ese momento comencé a tirarme a cuantos empleados del hotel se pusieran por delante: cocineros, conserjes, botones, camareros. A todos. Alquilé una habitación y la voz no tardó en correrse entre los empleados que acudían allí en busca de mis favores. Cuando me cruzaba con el jefe de mi marido o con su amiguete, les decía:

- Qué, ¿echamos otro polvete o quieres una mamada como la del otro día?

Quería que ese par de tipos no se relamieran creyendo haber probado algo exclusivo. Quería que supieran que cualquiera podía disfrutar de mi cuerpo, que lo que aquella noche ocurrió estaba al alcance de todos sus empleados.

Cuando creí que había cumplido mi objetivo, Dije a Ángel que nos veníamos a España. Él pensó que con nuestro regreso su calvario terminaría y que todo seguiría como tantas veces lo habíamos soñado. Nada más lejos de la realidad, vendimos la casa de Alicate, tras su "merecido ascenso", Ángel no volvió a trabajar en el hotel y nos hemos alejado de la costa cuanto hemos podido.

Vimos una promoción en un folleto turístico de esta sierra, vinimos de visita, nos gustó y aquí nos hemos instalado. Ya lo sabes todo. Pero nunca pienses mal de mí. Con mi cuerpo no he sacado dinero ni placer. Lo he usado para salir de una situación frente a los jefes de mi marido. No discuto que la solución que adopté podría haber sido otra mejor, pero la realidad es esta, y no me arrepiento de nada de lo que he hecho.

- Podría reprocharte que me has utilizado en tu particular venganza, pero no lo haré, le dije mientras ponía mi brazo en su hombro.- Te equivocas ya te he dicho que con nadie antes he sentido tanto placer. Desde aquel día no me había sentido una mujer hasta que me tocaste la pierna por debajo de la mesa.

Tú me excitas, quiero hacerme inolvidable para ti. Lo que siento por ti, no sé si es amor, pero si no lo es, debe faltarle muy poco. Estaba a punto de levantar el castigo a Ángel cuando apareciste, creo que puede aguantar otra temporada y así no nos molestará.

 

servido por elpaskin8 sin comentarios compártelo

22 Agosto 2009

ME COGIÓ SIN SABER MI NOMBRE

ME COGIÓ SIN SABER MI NOMBRE

Empiezo por comentar que soy una mujer casada, me llamo candy, soy muy joven ando por los veinte y ya tengo tres años de casada. por problemas económicos decidimos vivir en casa de mi madre, mi esposo sale mucho de viaje por su trabajo así que lo veo casi cada quince días sino es que más. Después de terminar la preparatoria me casé y quedé embarazada, ahora tengo una niña de tres años, como no seguí estudiando un año más tarde inicié una carrera corta, me iba de maravilla, hice muchas amigas y me encantaba salir con ellas. He de decir que a pesar de ya tener una hija tengo un cuerpo en forma, siempre me a gustado verme bien y llamar la atención de los demás hombres. Lo que más me elogian es el gran trasero firme que tengo y la verdad me encanta y hago lo posible por mantenerlo. Cierto día las chicas me invitaron a salir, llamaron diciendo que había una disco nueva, que el ambiente era muy bueno, pues como la mayoría del tiempo estoy sola, acepté ir, guardando el secreto a mi esposo. Por la noche me llamó y platicamos un rato, luego nos despedimos y le dije k apagaría mi celular le mandé besos y colgué. Enseguida las chicas ya estaban en la puerta esperándome siempre andábamos en taxi, es mejor, nadie tiene que sacrificarse como conductor designado. El ambiente en el antro estaba muy bien, llenísimo, nos estábamos divirtiendo mucho, entre bromas y bromas ya habíamos bebido dos botellas así que estábamos alegres.

En la pista unos chicos nos invitaron a bailar, el chico con el que bailaba era muy guapo y me dejé llevar por la música y enseguida empezamos a bailar muy provocativamente, él me acariciaba el cuerpo con una delicadeza que me encantaba, me apretaba el trasero y me miraba fijamente. Nos besamos apasionadamente, el que me estuvieran mirando y que yo guardara mi secreto me excitaba muchísimo, podía sentir la humedad entre mis piernas y me daban ganas de quitarme la ropa ahí mismo. pero me controlé, pensaba que podía haber alguien que me reconociera…

Fui al baño y mi pareja me acompañó, cuando salí, me arrebató al rincón, y empezamos a besarnos otra vez, ahora sus manos recorrían todo mi cuerpo, me besaba el cuello, mi cuerpo pedía a gritos que me cogiera en ese rincón, me sentía muy excitada…

Bajé mi mano por su pantalón y sentí su verga durísima y sin más bajé su cierre y lo empecé a masturbar ahí mismo, no nos veíamos debido a la oscuridad, solo se podían ver nuestras sombras. y me dijo que nos quitáramos de ahí y en eso pasó mi amiga y dijo que ya debíamos irnos. Al salir tomamos un taxi y llegamos a un motel, las ganas nos estaban matando, nos desnudamos y besándonos caímos a la cama, empezó a bajar, primero besaba mi cuello y podía sentir mis líquidos escurrir de tan caliente que estaba.

Al llegar a mi conchita, primero me la lamió limpiando todos mis líquidos que había escurrido, sentía unas cosquillas por todo el cuerpo y gemía como loca, me chupaba toda mi conchita, sentía su lengua caliente recorrer mi sexo me metió sus dedos mientras me hacia el oral más rico cuando estaba a punto de acabar dejaba de chuparme y me volvía loca hasta que ya no pude más, gemía y gemía loca mientras sus dedos me hacían acabar. Me puso en cuatro patas y rozaba su pene en mi entrada, me hacía pedirle que me cogiera, le suplicaba que me la metiera ya, quería sentirla dentro de mi, y seguía besándome el cuello e iba metiendo un dedo en mi ano.

Era una sensación extrema, estaba super mojada y sin esperármelo de un solo empujón me metió su verga hasta el fondo, solo pude gemir, era demasiado grande.

La sentía muy apretada, pero, ¡que rica estaba! y empezó con un vaivén muy rápido, sentía su verga rozar por dentro y acabé enseguida, seguimos pero le bajó la velocidad, me la metía despacito, mmmm, y metía y sacaba sus dedos de mi año, no podía contenerme, estaba extasiada, sacó sus dedos y me lamía el culo como profesional, solo gemía, pedía por más quería más. Agarró y me volteó, y empecé a mamársela como no tienen idea, podía sentir mis líquidos y los de él ,eran deliciosos se la jalaba rápido con mi mano mientras le mamaba su glande que ya se notaba enrojecido se veía que lo disfrutaba, me decía que se la mamara más rápido…

De pronto sentí el chorro d semen correr por mi cara, seguí lamiendo todo lo que le escurrió limpié muy bien su pene con mi boca y nos besamos por última vez. Nos recostamos un rato, después me fui a enjuagar y me quité, dejé a mi acompañante durmiendo sin saber siquiera mi nombre, jaja, eso si fue algo para recordar.

 

servido por elpaskin8 sin comentarios compártelo

15 Agosto 2009

MI MUJER ES UNA GOLFA

MI MUJER ES UNA GOLFA

Supongo que era normal que mi mujer quisiera lucirse un poco aquella noche. No en vano a sus 30 años recién cumplidos tenía una figura increíble y, debido a nuestros horarios de trabajo, hacía ya algún tiempo que no salíamos juntos a divertirnos.

Ella no es muy alta, pero si muy guapa de cara, con unos ojos azules que encandilan y unos labios gruesos y jugosos que parecen estar diciendo todo el rato "comeme".

Tras varios años de intensas clases de aeróbic puedo asegurarles que su figura de reloj de arena está mucho mejor ahora que cuando nos casamos hace ocho años. Por eso no me extrañó que para la fiesta de compromiso que organizó nuestro amigo en su casa se pusiera aquel vestido tan sensual.

Este era negro, y de una sola pieza. La parte superior es tan ajustada que más semeja una segunda piel escamosa, marcando su plana cinturita de avispa y realzando sus pétreos senos (pues, a pesar de lo grandes y abultados que son, están tan firmes y tiesos que harían palidecer de envidia a cualquier quinceañera), ya que al dejarle casi toda la espalda al aire nadie puede dudar acerca de la autenticidad de lo que presume por delante.

La parte inferior, sin embargo, es una especie de minifalda que le cubre hasta la mitad de los muslos más o menos, hecha de muchos flecos y telas oscuras conjuntadas, que le dan la forma de una flor invertida. No entiendo mucho de moda, pero es muy bonito.

Ella, que sabe lo mucho que me excito al verla con esa ropa, le puso la guinda al pastel, cuando, ya en el coche, se acomodó la falda al sentarse y me mostró, picarona, que esa velada llevaba puestas sus braguitas de cordón más finas, aquellas que apenas si le tapan nada por delante, y absolutamente nada por detrás.

Cuando me besó en el cuello y me dijo al oído que esperaba que esa noche "la fiesta" no acabara en la casa de nuestro amigo me dieron ganas de girar allí mismo y regresar a casa... y tiempo tuve más adelante para arrepentirme de no haberlo hecho.

Si no lo hice fue por no hacerle un feo a nuestro amigo, y porque esperaba divertirme en la fiesta casi tanto como mi esposa. No en vano él, como anfitrión, no tiene nada que envidiar a nadie, y sus fiestas son muy amenas y concurridas.

Esta, en concreto, ya estaba más que animada cuando llegamos y nos metimos entre docenas de desconocidos saludando aquí y allá a nuestras viejas amistades. Después de un par de horas, y cansado ya de bailar, permití que mi incansable esposa siguiera sola en la pista de baile, junto con algunas amigas, mientras yo me enzarzaba en una acalorada e interminable discusión política con un antiguo conocido.

Como suele ocurrir en estas ocasiones veía a mi mujer pasear arriba y abajo cada dos por tres, unas veces con una amiga, otras con otra, a veces sola y a veces con algún tipo o alguna pareja. Casi siempre la veía con una copa de licor en la mano, pero como sé lo poco que soporta el alcohol, supuse que la copa era siempre la misma... hasta que en una de las ocasiones en que se paró a hablar conmigo me di cuenta de lo mareada que estaba.

Le pregunté que cuántas copas llevaba, y no supo decírmelo, pero me aclaró que no era alcohol, que era un ponche, y que por eso lo usaba para calmar la sed del baile.

Como la conozco demasiado bien sabía que algo fallaba en su explicación, pues tenía ya la mirada turbia y el descontrol propio de quien esta muy bebido. Así que para aclarar las dudas fui hacia la barra y le pregunté al camarero acerca de la composición del famoso ponche.

No me extrañó lo más mínimo que me dijera que este mejunje llevaba al menos cuatro tipos diferentes de bebidas alcohólicas rebajadas con leche y zumos de frutas, explicándose así que mi mujer estuviera ya tan borracha. Decidí llevarla para casa de inmediato, pero cuando la fui a recoger me di cuenta de que su estado era mucho peor de lo que parecía, pues apenas si se tenía en pie. Como no podía yo solo con ella le pedí ayuda a nuestro anfitrión.

Nuestro amigo, sintiéndose en parte culpable por lo sucedido, me aconsejó que la acostáramos un rato y que, cuando se recuperara lo suficiente, nos marcháramos. Como lo vi muy lógico me apresuré a hacerle caso y, con su ayuda, logramos subirla arriba, a uno de los dormitorios vacíos.

El pobre estaba muy apurado, pero yo traté de calmarle, pues él no era responsable de que mi esposa estuviera tan mareada por no haber preguntado que demonios llevaba aquel ponche que estaba tan fresquito y que tanto le gustaba.

Después de asegurarme por enésima vez de que se encontraba bien volví a acomodarle la minifalda, que al acostarla se le había subido demasiado arriba, mostrándome otra vez su tanguita negro, y la dejé descansar, dormida en su sueño etílico, mientras bajaba a reunirme de nuevo con nuestros amigos, tras cerrar la puerta de la habitación.

Como de costumbre los cuatro más íntimos pasamos a la sala de billar, donde se libró una de nuestras consabidas batallas a tres bandas, ante las miradas de otros amigos y de alguna que otra esposa, pues la puerta abierta daba al salón donde seguían bailando.

Durante una de las partidas escuché como uno de sus amigos bromeaba con el anfitrión acerca del desaprensivo que había obstruido el aseo, y como le aconsejaba que usara el de la planta alta, como estaban haciendo el resto de los invitados. En ese momento no le di ninguna importancia al comentario, y como quiera que el juego estuviera de lo más interesante pasaron las horas volando. Lo único que recuerdo haber pensado es que esperaba que ese continuo ajetreo de subir y bajar personas no despertase a mi esposa.

La fiesta estaba ya llegando a su fin cuando, con la sonrisa victoriosa de haber ganado, me fui hasta la barra a pedirme una última copa antes de despertar a mi mujer. Mientras me la servía charlé las típicas banalidades con el camarero de antes, acerca de lo divertida que había estado la fiesta y todo eso. Fue entonces cuando me comentó, en plan confidencial en voz baja, que ya estaba degenerando, pues había oído a varios tipos comentar entre sí la juerga que se habían corrido con una señora en los dormitorios.

Y yo, ingenuo de mi, le sonreí, mientras le decía, también en plan confidencial, que en esas fiestas siempre había alguna señora que buscaba otras formas de "divertirse". Le dejé riéndose de mi comentario mientras subía las escaleras para ver si mi esposa se había recobrado lo suficiente de su estado como para llevarla a casa por su propio pie.

El vaso estuvo a punto de caerse de mis manos al ver que la única puerta de dormitorio entreabierta era aquella donde la habíamos dejado, y que de ahí salían unos sonidos que eran tan elocuentes como inconfundibles. Con las piernas temblorosas me acerqué hasta la puerta y vi lo que ya me temía... a un tipo de espaldas con los pantalones bajados penetrando fogosamente a mi mujer.

Lo que me dejó quieto y helado no fue la violencia de sus empujones, sino el ver como mi esposa tenía enroscados sus talones tras las rodillas del tipo, pues era la postura que solía adoptar cuando hacíamos fogosamente el amor y ella quería que la penetrara más a fondo y con más frenesí. Y si me quedaba alguna duda acerca de los turbios deseos que albergaba sus continuos jadeos de placer me los quitaron de golpe.

No reaccioné, me quedé allí quieto, parado como un maniquí, mientras el afortunado desconocido alcanzaba el último orgasmo, eyaculando en su interior con unos golpes tan rudos y salvajes que arrancaron también un nuevo orgasmo a mi esposa, mientras se aferraba a sus pechos desnudos, estrujándoselos como si se los quisiera arrancar.

Luego el tipo se bajó de la cama, con toda parsimonia, abrochándose los pantalones con una sonrisa de oreja a oreja mientras pasaba a mi lado, guiñándome un ojo cómplice, en la creencia de que yo era el siguiente en disfrutar de mi esposa desmayada. Nada más marcharse cerré la puerta con pestillo, y tras dejar el vaso sobre una mesilla me acerqué hasta la cama, todavía sin poderme creer lo que había presenciado.

Pero lo que veían mis ojos no dejaba lugar a dudas acerca de lo que había sucedido. Ni el completo desorden que reinaba en la cama, con las sabanas revueltas y sudadas. Ni el vestido de mi mujer, enroscado de cualquier forma en su cintura para dejar sus grandes pechos desnudos al alcance de cualquiera que los quisiera disfrutar.

Ni la evidente ausencia de su tanguita, del cual no volví a saber jamás. Ni, sobre todo, el gran charco de semen que había entre sus piernas tan descaradamente separadas, el cual aún no había tenido tiempo de secarse por completo, pues continuaba manando semen por sus dos orificios más sagrados.

No me costó mucho esfuerzo deducir lo que había sucedido en esa habitación. Supongo que alguno de los invitados entraría despistado mientras buscaba el servicio, y al verla allí dormida, quizás con su tanguita negra a la vista si había movido las piernas en sueños, fue una tentación demasiado grande para el desaprensivo.

No creo que le costase demasiado esfuerzo bajarle los tirantes del vestidito para dejar a la vista sus magníficos pechos desnudos e indefensos, ni que el diminuto tanguita negro ofreciese demasiada resistencia si el tipo había decidido quitárselo o arrancárselo.

El resto era por demás evidente. Había tantísimas marcas y moratones en sus senos que tardaría unas semanas en volver a recuperar su aspecto habitual. Sobre todo sus gruesos pezones, tan enrojecidos y tiesos que posiblemente le dolerían durante varios días.

De su boquita entreabierta salía un olor tan amargo como elocuente, y el no ver restos de semen solo podía significar que mi mujer se había tragado todo lo que habían tenido a bien derramarle dentro. Lo cual me daba muchísima rabia, pues a mi rara vez aceptaba mamármela, y cuando lo hacía jamás me dejaba eyacular en su interior.

Pero más rabia me daba ver con que facilidad permitía que le diera la vuelta en la cama, levantando su culito respingón al hacerlo como si diera por hecho que yo también iba a encularla como el resto de sus amantes. Dándome ganas de azotar sus pálidas nalgas, como debía de haber hecho ya más de uno, en vista de la rojez que presentaba, pues a mí sólo me había permitido que la poseyera por tan estrecho orificio un par de veces, y siempre tras muchos ruegos y suplicas.

No podía denunciar a la policía lo sucedido, pues no sabía cuantos tipos la habían poseído ni cuantas veces la habían violado. Ni siquiera estaba seguro de poder afirmar lo de la violación, en vista de la aparente disposición de mi esposa desvanecida.

¿Qué que hice? Pues lo único que podía hacer dadas las circunstancias, bajarme los pantalones, separarle un poco más las piernas... y divertirme yo también.

OTRO RELATO

servido por elpaskin8 1 comentario compártelo

15 Agosto 2009

MI NOVIA SE ENGULLÓ DOS POLLAS

MI NOVIA SE ENGULLÓ DOS POLLAS

Mi novia Noemí y yo siempre hemos tenido fantasías como todas las parejas, pero nunca llegué a pensar en que se convirtieran en realidad. Cuando hacíamos el amor nos imaginábamos que otro hombre estaba con nosotros, tenemos varios consoladores que simulan un pene real y los usamos para que esas fantasías sean lo más reales posibles. Gozamos mucho y os puedo decir que nuestros orgasmos fueron intensos.

En un par de ocasiones le dije a mi novia que buscara el momento y la persona con quien pudiéramos hacer nuestra fantasía realidad. Ella, que es un poco tímida, me dijo que eso era muy difícil para ella pero que si yo buscaba el momento y la persona lo más posible es que lo hiciera.

También comentábamos el miedo que teníamos al hecho de que pasaría después. Teníamos miedo a sentirnos mal y de que nuestra relación se rompiera.

Siempre fantaseamos un trío y hacerlo con otro hombre y eso era lo que a mi novia más le calentaba, más de una vez me había insinuado que se masturbaba pensando en dos hombres para ella sola, y eso a mí me excitaba. Tiene un cuerpo para hacer gozar a cualquier hombre, con diecinueve años es la atracción del lugar por donde pasa, se viste a la moda y su figura se refleja de una manera muy sexy.

Sabe perfectamente que es atractiva y hace uso de ello. Tiene el cabello rubio con mechas, sus piernas son fuertes y finas al tacto, sus pechos, no muy grandes, son una delicia y su culo, es impresionante, redondito, respingón y me fascina, y me doy cuenta que no soy el único.

Es una chica muy ardiente a la hora de dar placer es inacabable y sentir su cuerpo haciendo el amor es pura magia. Le encanta la ropa interior diminuta y sabe que los tangas me vuelven loco, así que cuando quiere ponerme "nervioso" sabe como hacerlo, además se rasura el sexo, haciéndola más atractiva.

A su lado he vivido momentos muy calientes y emocionantes, nunca se me olvida el día que hicimos el amor en el jardín de mi casa, amaneciendo, los dos solos, con un edredón enorme, me sentí muy querido y la verdad fue realmente excitante. Muchas veces me he masturbado pensando en esas experiencias y al hacerlo, era empezar esa fantasía de verla con otro hombre follando como solo ella lo hace.

Ahora paso a contarles mi experiencia de la cual no me voy a olvidar nunca: Era verano y como es natural hacía un calor espantoso, todo el mundo estaba en la playa tomando el sol, bañándose en el mar o en la piscina. Los padres de Noemí se habían ido de vacaciones y sé había quedado sola en su casa, era genial por que nos quedábamos solos y hice vida allí. Lo mejor era por la noche, hacíamos el amor y después dormíamos juntos, levantarme por la mañana junto a ella era precioso.

Estaba trabajando y era domingo por la mañana, mi trabajo es así, y a la hora de comer me dirigí a su casa. Me dijo que comeríamos con un vecino el cual había llegado al barrio hacia poco y el chaval no conocía a nadie.

Al entrar en la casa por el jardín la vi allí, tumbada en el césped tomando el sol, solo con la parte de abajo del bikini, un tanga blanco precioso y a su lado el vecino. Un chico de nuestra edad, unos 22 como yo, un chico de color, alto y muy fuerte, se le veía un cuerpo musculoso y fibrado. Unos pectorales marcados igual que sus abdominales, unos brazos fuertes y unas piernas muy atléticas. Llevaba un bañador de "slip" y se le notaba un paquete impresionante.

Estaban allí conversando y riendo. Estuve un rato observando y ella estaba realmente sexy y el no dejaba de mirarla, en esto que Noemí se levanto, creo que los dos nos quedamos fijos en su culo adornado con un tatuaje a la altura de la cintura, con ese tanga blanco, belleza viva. Echándose miraditas y sonrisas picaras se acercó a la piscina y se lanzó de cabeza, al salir del agua el tanga se transparentaba y se le podía ver todo el coño rasurado, ya solo me faltó ver eso, empecé a excitarme y no era el único.

Al pobre chico se le clavó la mirada en ese tanga semitransparente y no podía ocultar su excitación ya que su "slip" no pudo contener un pene como el que el chaval tenía, asomándole la punta, algo impresionante. Al ver eso me excité un poco más y vi que Noemí se quedaba mirando ese paquete inmenso con unos ojos como platos. No se de que se extrañaba, total lo había provocado ella. Decidí entrar en escena con un "¡holaaaaa!".

La reacción fue de risa, Noemí tapándose la parte de arriba intentando ponerse el sujetador del bikini (no sé por que), y el vecino, a sabiendas de que "algo" había crecido en su bañador se tumbó rápido boca abajo. Me acerqué a mi novia dándole un beso en los labios llevando una de mis manos a su culo acariciándoselo como siempre hacia, mmmm y después salude al vecino estrechándole la mano, Robert se llamaba el colega.

- ¿Que? ¿Cómo va? -Pregunté. - Muy bien dijo él (no te jode) y Noemí me dijo que muy bien, pero lo dijo algo flojo, como avergonzándose de algo, pero lo que ella no sabia es que, me excité especialmente.

Me fui a la habitación a ponerme más cómodo, un pantalón corto de fútbol y unas chancletas. En esto que Noemí entra en la habitación con un pantalón de esos tan cortitos y la parte de arriba del bikini, acogiéndola de la cintura la bese con fuerza, y mi polla empezó a ponerse dura, a la vez que le sobaba el culo. En un momento de respiro le dije:

- Os he estado observando y la verdad, lo as puesto a cien.

Sonriendo y sonrojada me dijo:

- ¿Que dices? No digas bobadas. - ¿A no? ¿Te fijaste en su paquete? - Si.- Un si muy picarón. - Pues a mí también me as puesto cachondo. ¿Que pretendías? - Nada. - ¿Nada? Sin la parte de arriba, y con este bañador que sabes que transparenta. No te lo pones ni para ir a la playa.- Es que me apetecía ponérmelo.- Me dijo.

La volví a besar y nos fuimos para la cocina ha acabar de preparar la comida.

Fue una comida muy divertida, los tres nos reímos mucho y hablamos lo suficiente como para conocernos. Robert era un joven muy tímido y buena persona, no se le vio maldad en todo el rato que estuvimos hablando. También hablamos de sexo y salió el tema de las fantasías lo cual a mi se me ilumino una bombilla en la cabeza. Recogimos todo y llegó la hora de la siesta. Noemí salió al jardín y Robert y yo nos quedamos sentados observándola.

Lentamente, Noemí, se quitó el pantaloncito mostrándonos su precioso culo, y yo cuando veo ese culo no puedo controlarme y mi pene empezó a erguirse. Me fijé en Robert y su "slip" volvía a cobrar vida. Ella se sentó y mirando hacia nosotros se quito el sostén del bikini. Sus pechos quedaron al aire y nos pusimos más cachondos todavía.

Así que me fui hacia ella y le dije:

- ¿Que estás haciendo?. No ves que nos estás poniendo como motos. - ¿A si? ¿Y por que no me besas?.-

Eso me dejó helado, pero no pude decirle que no y nos fundimos en un beso largo y pasional. Empecé a acariciarle los pechos poniéndose los pezones cada vez más duros al igual que mi polla. Bajé más la mano acariciando sus muslos y acercando mis dedos a su coño. Acariciándole por encima del tanga notaba el calor húmedo que desprendía su sexo y Noemí me pidió que le masturbara. No lo pensé ni un segundo y metí mi mano entre el bañador y empecé a acariciar su clítoris, lentamente humedeciendo mis dedos en el interior de su coño, cada vez más mojado oyendo sus suspiros de placer.

En esto que Noemí me dijo:

- Mira a Robert.-

Joder, Robert estaba sentado en una hamaca mirándonos, sin su "slip", acariciando su enorme y negra polla. Nunca había visto nada igual, medía unos 22 cm y era gordísima. Se la estaba meneando lentamente observándonos, mirando a Noemí como disfrutaba con lo que le estaba haciendo y eso a mí me puso muy cachondo.

- Que polla más grande.- Dijo Noemí súper excitada. - ¿Te gustaría chuparla? - Le dije, cachondo como nunca.

Fue decir eso y Noemí a cuatro patas se acercó a Robert. Lentamente empezó a acariciar esa enorme polla, los huevos, los muslos, se la veía muy cachonda. Me levante y me senté al lado de Robert. Tímidamente Noemí empezó a lamer el pene de Robert, eso me excito muchísimo y empecé a masturbarme.

Lamía esa polla como una loca, la lamía de arriba a bajo, la acariciaba entre sus manos que casi ni le cabía. Gimiendo de placer le comía la polla a un Robert que cada vez lo estaba pasando "peor", así que le cogí una mano a Noemí llevándosela a mi polla que estaba durísima. Empezó a chupar la mía con iguales ganas y mientras, Robert le bajó el tanga y empezó a comerle el coño.

Noemí no se lo podía pasar mejor, chupándome la polla y Robert comiéndole el coño, Mmmmm suspiraba y chupaba a la vez. Robert me dijo:

- ¡No puedo más! Me la tengo que follar.-

Así que se levantó y lentamente empezó a rozar su negra polla en los labios de Noemí y ella mirándome mientras se comía mi pene. Cuando Robert le clavó su enorme polla Noemí cerró los ojos con un gesto de placer acompañado de un gemido. Ella sentía ese pollón muy adentro, caliente y latente, Robert no dejaba de moverse detrás de Noemí, un vaivén incesante golpeándola con sus huevos y clavándole la polla. Con cada gemido, Noemí me comía más la polla y la pelaba con más ganas, era algo increíble. Ver el cuerpo de Robert detrás de Noemí, follándosela sin parar me volvía loco.

- Cariño me corro.-Dijo Noemí- No puedo más, ¡fóllame!, ¡Fóllame! ¡Que me corro!

Noemí ya no podía más, en una postura que la enloquece y con esa enorme polla penetrándola por detrás sin cesar, no podía aguantar más y comiéndome la polla como una condenada se corría. Se sacó mi polla de la boca y gemía placenteramente, sudando los tres.

Noemí me miró, subió hasta mi boca y nos volvimos a besar, realmente se lo estaba pasando muy, muy bien. Me incorporé un poco y Robert se puso de pie, me fije en su polla, la seguía teniendo durísima y estaba toda empapada de la corrida de Noemí. Y ella me dijo:

- Me encantaría follarte amor.- - Pues no sé que esperas.-

Fue decir eso y se sentó encima de mi polla, penetrándola muy adentro, tenia el coño mojado como nunca, con Robert sé había corrido enormemente y allí se estaba calentito y daba un placer indescriptible.

Empezó a moverse con todo su cuerpo encima de mí, era fantástico verla como me follaba, sus pechos se movían al ritmo de su cuerpo, y su cuerpo, que bonito es, es una locura. Robert estaba de pie al lado nuestro con su negra verga, tiesa como un palo, yo no entendía como le había cabido "eso" a Noemí.

Ella estaba loca con esa polla y mientras me follaba no dudó en empezar de nuevo a comérsela. Lo que estaba viendo me volvía loco, me follaba sin parar y mamaba esa polla con unas ganas impresionantes. Yo me moría de placer y no podía dejar de mirarla, de ver como mamaba, de ver como se movía encima de mí, era algo impresionante. Noemí no dejaba de follarme clavándose mi polla sin parar, gimiendo de placer, sudando y chupando una polla, negra, gorda y dura, se volvía loca y yo con ella de mirarla.

Miraba su cuerpo como me daba placer me agarré a su culo con las dos manos, apretándoselo con fuerza mientras ella seguía follando y comiéndole la polla a Robert. Me humedecí un dedo y empecé a metérselo por el culo, y noté que le gustaba, no se dejaba hacer eso pero estaba tan cachonda que quería más placer.

- Cariño que me voy a correr, méteme dos, ¡méteme dos! Cuando me dijo eso le llevé mis dedos a su boca, noté la polla de Robert y estaba durísima y ella la chupa como una loca mientras notaba mi polla en su interior y mis dedos en su culo. Noemí gimió más fuerte, Robert le cogió con las dos manos la cabeza llevándola contra su polla y ella gimiendo y chupando empezó a follar más fuerte y yo seguía metiéndole los dedos.

Empezó a gemir con el pollote en la boca, cada vez más fuerte corriéndose como una zorra. Su coño volvía a chorrear de placer. Ese segundo orgasmo la dejo hecha polvo, se tumbo en el césped mirándonos a Robert y a mí. Nosotros aun estábamos cachondos y mirando su cuerpo empezamos a masturbarnos y mirándonos nos dijo:

- Quiero que me folléis los dos a la vez. Cariño tu dame por detrás que con la polla de Robert no me atrevo.

Robert se tumbó boca arriba y Noemí le chupó de nuevo la polla para luego, tumbándose encima de él empezar a fallárselo, mientras yo le comía el culo. Ella ya casi no se movía, estaba exhausta pero quería que la folláramos los dos a la vez. Robert se la follaba clavándole la polla y Noemí se moría. Le introducí dos dedos bien húmedos en su culo y empezó a gemir de nuevo.

- Vamos cariño métemela, despacio, pero métemela, os quiero a los dos follándome.

Me acerqué a su boca y empezó a chuparme la polla para dejarla bien mojada, mmmm que gusto, me separé y fui hacia su culo y empecé a follárselo. Siempre había deseado follarle el culo, me volvía loco. Noté que cada vez más ese pedazo de culo iba engulléndose mi polla hasta el fondo. Gritaba de placer y sentía como sus músculos se expandían para dar campo a esas dos vergas que entraban dentro de ella, y gritaba y pedía más.

Ahora ya tenía lo que quería, nos la estábamos follando, los dos a la vez, Robert no dejaba de moverse y yo la embestía con ganas, no dejaba de gemir y de gritar de placer, quería correrse otra vez.

Se volvía loca, encerrada entre esos dos cuerpos que no dejaban de follársela. Le hicimos caso, embestimos con más fuerza, los dos a la vez y ella gemía y gemía, hasta que con un grito de placer se corría de nuevo.

- Me voy a correr.- Dijo Robert. -No puedo más!!!.- - Yo tampoco, ya no aguanto.

Fue decir eso y Noemí empezó a comernos las pollas, una en cada mano, meneándolas con fuerza y chupando un poco una y un poco la otra, que cachondo me puse, dios, estaba preciosa comiéndonos las pollas, a punto de corrernos.

- Noe ya! Ya!.- Exclamó Robert.

Que corrida, esa polla negra empezó a soltar leche por toda la boca de Noemí y ella no dejaba de comérsela y meneársela.

- ¡Cariño que me corro! ¡Que me corro!

Y llevándose mi polla a la boca empezó a chupármela corriéndome como había hecho Robert, soltando todo mi semen por su boca. Noemí estaba disfrutando como nunca y yo de verla a ella, lamiendo esas dos pollas, hechas polvo por su culpa, nos miraba con cara de niña buena, le encantó comernos la polla corriéndose en su boca.

Quedamos los tres exhaustos, tumbados en el césped, desnudos, sudados, respirando profundamente. Miré a Noemí y no pude resistir y tuve que besarla.

- Te quiero.- Le dije. - ¿te ha gustado?.- - Si, me ha gustado muchísimo.- - Has estado fantástica de verdad.- - Te quiero.- Me dijo sonriendo.

Han pasado tres semanas después de haber hecho realidad nuestra fantasía. Nuestra relación sigue igual y eso nos ha hecho querernos más y a aumentado la confianza entre los dos. Y ya estoy esperando a que me lo pida otra vez. Te quiero niña.

OTRO RELATO

servido por elpaskin8 sin comentarios compártelo

15 Agosto 2009

HAMBRIENTA DE SEXO

LOS RELATOS DE LOS VAGOS

Esa barra de carne durísima fue penetrando mi esfínter sin que yo pudiera evitarlo, me la hundió toda, empezó a bombear lento y profundo. Cuando pasó el dolor terrible que sentí al principio empecé a disfrutarlo. Sentía su verga entrar y salir, toda a lo largo. Mi ano quedó muy dilatado. Gabriel estuvo largo rato cogiéndome así hasta que se vació dentro de mí con un grito. Sentí que me inundaba.

Hola, me llamo Adriana y quiero contarles mi historia porque necesito un consejo. Soy una mujer ya madura, me falta poco para llegar a los 50 años. Pese a ello mantengo mi cuerpo en forma porque desde muy joven estoy acostumbrada a las dietas y al gimnasio. Mi cabello es rubio, tengo pechos que se mantienen firmes igual que mi trasero, y como entenderán, me considero atractiva.

Pues bien, la cuestión es que hace ocho meses me divorcié de mi marido por cuestiones que no vienen al caso. Todo ese tiempo no estuve con ningún hombre, y la verdad que más pasa el tiempo, más me doy cuenta de que lo necesito. Hasta que hace poco tiempo ocurrió algo que me cambió la vida. Les contaré.

Un sábado me invitaron a cenar Daniela y Carlos, un matrimonio amigo, ambos de mi edad. Fuimos a un lugar elegante, y después decidimos ir a una disco a tomar una copa antes de irnos cada uno a su casa a dormir. Hacía años que no entraba a un lugar así. Pues allí nos encontramos con Gabriel, el hijo de Daniela y Carlos. Tiene 25 años, practica rugby de modo que tiene un cuerpo fenomenal. El chico estaba triste porque se había peleado con su novia, y lo que menos quería esa noche era conversar con tres personas adultas. Pero yo suelo ser una mujer muy divertida, hice algunas bromas y le cambió el humor. Tanto que me invitó a bailar un poco.

A las risas, acepté. Esa noche yo llevaba un vestido rojo, de finos breteles, escotado y algo corto, la verdad es que me veía muy bien y poco me importó lo que pensaran quienes me observaban bailando con alguien mucho más joven que yo. Bailamos largo rato. Daniela y Carlos nos avisaron que ya era hora de irnos, porque tenían sueño, y me sorprendió escuchar a Gabriel que decía "si Adriana acepta, nos quedamos un rato más y después yo la acompaño hasta su casa".

Por supuesto acepté encantada. Yo también necesitaba divertirme. La cuestión es que seguimos juntos toda la noche y terminamos desayunando a la madrugada en un bar muy agradable. Después me llevó en su auto hasta mi departamento. Una vez en la puerta y antes de despedirnos, Gabriel me agradeció todo lo que había hecho por él, me dijo que estaba muy mal de ánimo, se sentía solo, y que yo lo ayudé a salir de eso. Le aclaré que él también me había ayudado a mí, que yo también estaba sola. Me miró intensamente. Y me dio un beso. Yo respondí con otro. En ese momento me olvidé de que era hijo de un matrimonio amigo, me olvidé de la diferencia de edad, me olvidé de todo. Sólo pensé que él era un hombre y yo una mujer que hacía mucho tiempo no tenía sexo. Y descubrí que mis ganas de él eran muy intensas.

Entramos a mi departamento besándonos y acariciándonos. Gabriel me hizo recostar sobre un sillón, me cubrió de besos todo el cuerpo, llegó a mis piernas, subió mi vestido e hizo a un lado mi tanga. Fue directo a lamer mi vagina. Uh, le agradecí con un gemido de placer. Hacía mucho que no sentía una lengua allí en mi intimidad, y me encendió hasta hacerme arder en un segundo.

Gabriel tenía una lengua maravillosa y la sabía usar. Lamió y mordisqueó mi clítoris, separó los labios de mi vagina y la introdujo dentro de mí... en síntesis, me volvió loca y me hizo tener el primer orgasmo de la noche. Grité como una desesperada mientras sentía que se mojaban hasta mis muslos.
Era mi turno. Lo tiré en el sillón, le quité rápidamente los pantalones y los bóxers, y quedó a la vista una verga maravillosa. Gruesa, de cabeza abultada, con las venas marcadas, y en la base dos huevos grandes y pesados.

La tomé con mi mano por la base y comencé a lamerla con entusiasmo. Me gusta hacerlo, y sé que lo hago bien. Los gemidos de Gabriel me confirmaban que lo estaba disfrutando muchísimo. Chupé con entusiasmo, con pasión, con ganas. Después de tanto tiempo volvía a tener un pene en mi boca y eso me ponía feliz y muy caliente. Gabriel susurró "jamás una mujer me la chupó así, es maravilloso". Tomó mi cabeza y empezó a mover sus caderas, cogiéndome la boca hasta hacerme ahogar. "Trágala toda, que te entre toda", decía una y otra vez.

Fuimos corriendo hasta mi dormitorio, mi vestido voló por el aire igual que su camisa y nos tiramos en la cama. Allí hicimos un 69 espectacular, me pasé su verga por toda la cara, la chupé hasta dejarla dura y brillante. Después me senté sobre ella dándole la espalda a mi amante. Fue maravillo sentir ese tronco duro y grueso deslizarse dentro de mi vagina mojada. Lo cabalgué con furia, me clavé una y otra vez su verga en la concha hasta sentir que me la hacía arder. Gabriel me sujetaba por las nalgas, las abría y cerraba y las volvía a abrir todo lo que podía.

Estábamos muy calientes los dos. Después me hizo girar hasta que quedé de frente a él y mordió mis tetas mientras yo seguía mi cabalgata enloquecida. "Sos la mejor hembra que me he cogido", decía Gabriel. "Ya sabía yo que las veteranas son las más calientes, y ahora lo puedo comprobar".

Fue un polvo bestial y en todas las posiciones. No sé en qué momento quedé con la mitad inferior de mi cuerpo sobre la cama y la cabeza, los brazos y las tetas apoyadas en el piso alfombrado de la habitación. Gabriel se puso detrás de mí y me penetró en esa forma. Volvió a abrir mis nalgas y me hundió un dedo en el ano que me hizo gritar.

Cuando sentí que sacaba su verga de mi vagina y la dirigía hacia mi ano le dije que esperara, que se detuviera, que no estaba preparada. No es que sea virgen de allí, he practicado mucho el sexo anal (a mi ex marido le apasionaba) pero siempre bajo ciertas condiciones que Gabriel no pensaba respetar. El chico apoyó la ancha cabeza de su pene en mi agujerito y empezó a empujar. Lancé un grito de dolor. "Gabriel, por favor no", imploré. Pero él estaba más entusiasmado que nunca. "Te voy a hacer el culo mi amor, es mi sueño. Vas a sentirla cómo te entra milímetro a milímetro".

Y vaya si la sentí. Esa barra de carne durísima y gruesa fue penetrando mi esfínter poco a poco, sin que yo pudiera evitarlo. Además, generalmente cuando tengo sexo anal yo pongo un tope: con mi mano apoyada en el vientre de mi pareja le digo hasta dónde puede penetrarme. Pero en esa posición agitaba mis brazos en vano, no podía alcanzar a Gabriel que estaba sobre la cama.

Conclusión: me la hundió toda. Y después empezó a bombear, lento y profundo. Cuando pasó el dolor terrible que sentí al principio empecé a disfrutarlo. Sentía su verga entrar y salir, toda a lo largo. Mi ano quedó muy dilatado. Gabriel estuvo largo rato cogiéndome así hasta que se vació dentro de mí con un grito. Sentí que me inundaba.

Fue maravilloso. Terminamos los dos abrazados en la cama, y antes de que se fuera le hice mi regalo especial, algo que reservo sólo para aquellos hombres que lo merecen: le hice una larga mamada, permití que se vaciara en mi boca y me tragué toda su leche. Eso lo volvió loco.

Desde ese día empezamos una relación intensa. Gabriel está encantado conmigo porque hacemos cosas que las chicas de su edad no se atreven. Eso permite que disfrutemos mucho, pero también se ha convertido en un problema. Les explicaré por qué.

Me he enamorado de Gabriel. Él lo sabe, y por eso me pide cada vez más cosas. Últimamente insiste en vaciarse dentro de mi vagina, pero yo no quiero porque temo que me deje preñada. Biológicamente aún puedo tener un hijo, pero no lo deseo. Él insiste, y no hay manera de convencerlo de que use un preservativo.

Dice que quiere ver mi concha inundada por su leche. Pero hay más. También dice que su fantasía es verme coger con otro hombre. Quiere mirar mientras me penetran. Hay varios de sus amigos que están dispuestos a cumplir su sueño. Y también pretende estar conmigo y con otra mujer.

Quiere presenciar una escena lésbica entre nosotras, que le mamemos la verga juntas y luego penetrarnos. Yo lo amo tanto que creo que voy a ceder a sus deseos. Me pregunto si eso es lo que debo hacer.

 OTRO RELATO

servido por elpaskin8 sin comentarios compártelo

15 Agosto 2009

"BRENDA, FELIZ ESPOSA Y PUTA".

 LOS RELATOS DE LOS VAGOS

Antes que nada pido disculpas por mi lenguaje que para algunos puede parecer procaz pero aprovechando la oportunidad de poder expresarme con entera libertad quise escribir lo que siento y lo que vivo en forma descarnada para que las personas que lean este relato entiendan cabalmente lo que quiero expresar.

Mi nombre es Brenda y estoy casada con un importante ejecutivo de un grupo financiero argentino. Podríamos decir que debería ser la típica esposa de clase media-alta que se dedica a cuidar a sus hijos, ocuparse de que las sirvientas estén ocupadas y a que a mi maridito no le falte nada, pero la realidad es muy diferente.

Nunca tuve vocación de ama de casa, madre o esposa modelo ni nada que se le parezca, por el contrario estoy poco en el "hogar conyugal" y llevo una vida muy liberal, haciendo lo que se me da en gana pero por supuesto con el consentimiento de mi marido. ¿Consentimiento dije?, Sí el consiente que la pase bien, me divierta de la manera que me plazca y a eso vine a contarles que cosas me placen o mejor dicho, que cosas nos placen a mi esposo, que todo lo consiente, y a mí que todo los disfruto.

Ya se estarán dando cuenta que tipo de matrimonio somos.

Claudio, así se llama él, pasa mucho tiempo en la oficina, dando ordenes a muchos empleados, firmando importantes papeles que al poco tiempo se transforman en beneficios para la empresa de Alberto..(¡¡¡uhmmm.... que bocadito!!!...ya les contaré), su jefe, el dueño del grupo financiero y un macho delicioso....seguro que les contaré.

Mi marido, además, es un gerente muy temido por sus empleados a quienes tiene sometidos mediante una política de persecución constante. Siempre dice: "Brenda, todas las personas son buenas pero si se las vigila son mejores". Ese ogro se transforma cuando cae en "mi territorio" pues en la cama es mi esclavo, un indefenso y conciente cornudo que disfruta mucho en serlo y al que no le alcanza las dosis de morbo que le doy y siempre me pide más.

Pero no nos apuremos, déjenme que me describa tal cual me veo. Soy, lo que se dice, una verdadera potra. Comenzando por abajo diría que tengo un hermoso par de piernas que me gusta hacer resaltar usando minis y calzando zapatos de taco aguja. Mi cola es redondita y compacta, la locura de todos los hombres que han tenido la suerte de montarse a esta monumental yegua. Dos hermosas tetas, operadas, pero hermosas al fin.

Soy rubia de ojos castaños, de boca grande y carnosa y lengua húmeda siempre dispuesta para lamer algún buen trozo de carne apetitoso. Mido 1.75 metros pero con los zapatos aguja y mi presencia parezco más alta. Además, y nada menos, lo más importante es que soy una mujer muy ardiente.

Ahhh ... me olvidaba de la edad, tengo la ideal para una mujer, 32 años pues poseemos toda la fuerza de la juventud y la experiencia de lo ya vivido.

Claudio es diez años mayor que yo.

De adolescente fui una chica imposible de manejar. Mis padres no sabían que hacer conmigo y cuando llegué a los 16 años ya curtía con un novio. A partir de ese debut con mi primer parejita empecé una rápida carrera de primeros premios ganados. No había hombre que se me resistiera. Es cierto que mis padres no sabían que hacer conmigo en cambio yo ya sabía que hacer con el sexo opuesto, de todas maneras trataba de hacer las cosas con la suficiente discreción como para que mi familia no sufriera.

Sucede que desde el momento en que me desarrollé como mujer en mi interior surgió un irrefrenable deseo de coger, y coger sin parar, que me domina y me obliga a estar a disposición de los hombres hermosos y seductores que me suelen cortejar. No puedo resistirme a ello por más que lo intente. Basta que un hombre bien plantado me piropee, sea amable conmigo, léase se comporte como un caballero, para que mis jugos comiencen a mojar mi bombachita y si ese hombre descubre mis partes débiles termino siendo irremediablemente suya. Como decía Oscar Wilde, "hasta mis debilidades son más fuertes que yo" y mi debilidad es un hombre elegante, seductor, gentil. Me encanta acercarme a ellos y percibir el perfume que usan, uhmmmm.. los perfumes me pueden.

A los 21 años conocí a Claudio y empezamos a noviar seriamente, aunque yo seguía teniendo algunas escapaditas a sus espaldas. ¡¡¡ Cómo me iba a perder al caramelito de Rubén!!!. Un vecino muy bien dotado que me fue ganando poco a poco. Fue el primer hombre en mi vida en muchos sentidos. A los 18 años me fue conquistando con su cortesía, con su constante halago a mi belleza. Luego siguió avanzando hasta lograr estar a solas conmigo. Fuimos en su auto hasta un lugar apartado y con mucha dulzura empezó un juego erótico de besos y caricias que paulatinamente se transformó en ardiente batalla de cuerpos.

Fue el primer hombre en llevarme a un hotel. ..."No aguanto la incomodidad del auto.. te quiero en una cama ... sobre unas sábanas blancas y sin apuro ...para poder disfrutarte mejor" me dijo una noche. A partir de ese momento se terminaron los asientos traseros. Rubén me transportaba al paraíso, en una hora y media me hacia sentir la mujer más feliz y la más puta a la vez. ¡¡¡Que macho divino!!!. Me hizo gozar muchísimo. No quieran saber lo loco que se ponía cuando quedaba desnuda. Disfrutaba tener a su merced a una bebota hermosa y caliente.

Sin duda fue el hombre de mi vida, el que me enseño a hacer el amor, a disfrutar del sexo desde todos sus ángulos, como recompensa tuvo mi cuerpo joven, mis carnes firmes, mi piel suave, mi almejita húmeda y caliente para que su pija encontrara buen resguardo. Añoro su verga, la extraño en mi concha, en mi boca o en mi culo. Extraño a Rubén, a su dulzura y a su frenético ardor.

Claudio sospechaba de mis aventuras y en un comienzo me celaba pero a mí no me importó. Yo sabía quien mandaba en la relación y sabía que más temprano que tarde las cosas serían como yo decidiera, además sospechaba que había algo en él que me decía que sus celos eran una engañosa señal de algo diferente y que íntimamente disfrutaba de fantasear conmigo y otros hombres. ¿Por qué? Porque cuando íbamos a una fiesta, por ejemplo, constantemente se la pasaba presentándome amigos para luego desaparecer por media hora y dejarnos a solas. Los chicos se me lanzaban de inmediato, presentían que Claudio les estaba entregando a su novia y a veces me costaba mucho no llevármelos directamente a la cama.

No los voy a engañar, he disfrutado de varios de los amigos de Claudio, unos pendejos hermosos que supieron sacar de mí esa mujer caliente que me hace tan feliz.. Luego Claudio, cuando estábamos cogiendo, me presionaba para que confesara y así tener más material para fantasear. Por supuesto cuando empezaba con el insufrible interrogatorio,,¿con quién estuviste?,, ¿Te gusta fulano o mengano?.. permanecía callada. Sabía que ese silencio era una tácita afirmación de mi vida licenciosa y a la vez un acicate para su morbo que alcanzaba niveles siderales.

De todas maneras una noche me decidí a comprobar mi teoría.

Estábamos en un hotel, medio borrachos, viendo una porno común y corriente, casi sin argumento pero con algo muy especial, un actor bellísimo y sensual.

Uno de esos actores que parecen esculturas griegas y que con un pedazo enorme se estaba cogiendo a una rubiecita como yo, le estaba dando con todo.

Miraba embobada a ese macho hermoso cuando él me recrimina diciéndome:

 Parece que te gusta ese hombre.-

 Uhmm, la verdad mi vida, me encanta. Me lo chuparía todo- contesté.

 Claudio hizo silencio y luego volvió a la carga.

¿Cómo dijiste?- preguntó con asombro.

Dije que me lo comería todo, es más si estuviera en esta habitación me verías entregada totalmente a él.- respondí notando que su verga estaba paradísima y a punto de estallar.

Por tu forma de hablar parecés una puta.- intentó contraatacar.

Sí una puta, como a vos te gusta, como vos querés que sea.. y como yo quiero ser..

¡¡Basta Brenda, te volviste loca jamás se me hubiera ocurrido pensar que vos creyeras en eso!!! ¿De dónde sacaste semejante idea?- intentó defenderse.

Ese fue el punto de quiebre en nuestra relación, el momento en que debíamos dejar de lado nuestra hipocresía y encarar definitivamente una nueva forma de convivencia. Ya no soportaba tener que estar ocultándome como una ladrona cuando presentía que él íntimamente disfrutaba fantaseando con mis engaños. Teníamos que decirnos la verdad de una vez por todas.

Dale papito si a vos te gusta que me cojan, es más. Apuesto a que te morís por saber quien me coge y estar presente en ese momento- le enrostré.

Hizo un silencio que duró varios segundos, los suficientes como para que me acerque a sobarle la verga y a susurrarle cosas al oído mientras nuestras miradas seguían lo que estaba sucediendo en la pantalla.

Decime la verdad, no te gustaría verme empalada por un macho como ese, yo te dejaría que me vieras.

 No se... ¿dónde querés llegar? Dijo con un hilo de voz y sorprendido por mi reacción.

En ese momento perdí los estribos y un poco por el alcohol, otro poco por mi carácter y mucho por la calentura que tenía de ver tremendo macho cogiendo le grité en el oído:

¿Sabés dónde quiero llegar? Quiero llegar a que a vos te gusta que tu novia coja con otros y no te animas a pedírmelo. ¿Te crees que no me di cuenta? ...Vivís presentándome amigos que lo único que hacen es tratar de llevarme a la cama y te aviso que tenés buen gusto querido porque algunos lo lograron-

Claudio con la cabeza gacha seguía en silencio, yo ya no podía detenerme, debía seguir adelante.

¿Querés saber la lista de los ganadores? Son varios mi amor, podés empezar a fantasear con ellos cogiéndose a tu noviecita ....Pato buen cogedor, Matías la tiene como un burro pero no la sabe usar.... le enseñe como hacerlo,...el que es un inútil sin remedio es Maxi pero sabe que hacer con la lengua...

¡¡¡Pará un poco con eso!!! Exclamó entre rabioso y excitado.

Dejemos de ser hipócritas, vos sabes como soy y yo se como sos, sabemos lo que nos gusta y nos da placer así que si aceptamos esto podemos llevar una vida feliz y disfrutar de nuestro secreto sino querido nuestra relación se termina aquí.

 Me monté sobre él y dejé deslizar mi cuerpo hasta que sentí su miembro entre mis piernas, luego de un solo movimiento logre se introduzca por completo. Mi concha estaba muy húmeda y necesitaba un visitante urgente.

-¿Te molestó lo que te confesé de tus amiguitos?- le susurré ya sintiendo el placer de tener una verga dentro mío.

 Claudio se agitaba de placer, con los ojos entrecerrados, la boca abierta y la respiración agitada solo atinó a mover su cabeza hacia ambos lados en señal de negación.

Yo ya estaba delirando de calentura y el morbo que se cruzaba por mi mente no me dejaba pensar en otra cosa que en someter definitivamente a ese hombre para que no le quedaran dudas de cual era su rol, cornudo conciente y asumido.

-Entonces te gustó saber que Pato me hizo suya, no?, ¿Te gustaría conocer más detalles?-

 Movió afirmativamente la cabeza mientras nuestros cuerpos ya se contorneaban en forma sincronizada.

¡¡¡Respondeme, decime que sí...no muevas la cabeza... decime "sí mamita me gustaría saber como mi amigo Pato te cogió"....¿entendiste boludo?!!!

Sí...mamita...me gustaría saber como mi amigo Pato te cogió.- por fin vomitó Claudio.

¿Sabés que es un lindo machito tu amigo? ¿Sabés que disfrutó mucho de tu hembra pero creo que más por cogerse a tu novia?. Tendrías que verlo estaba como loco, estuvo comiéndome la almejita como media hora mientras yo le chupaba la verga.

Claudio se arqueó como si fuera a acabar pero logró controlarse.

Seguí contando... no te detengas- me pide casi en un ruego.

Pato disfrutaba hacerte cornudo... yo le decía ..¿Patito te gusta cogerte a la novia de Claudio, .. a esta gata caliente que te va a exprimir la verga?.. y el me contestaba..."Me encanta cogerme a la novia de mi amigo pero más me calienta saber que sos tan puta"... porque soy muy puta...y me gusta serlo..¿sabías no?.

Por momentos mis palabras salían entrecortadas producto de la calentura y del morbo que me daba estar blanqueando todo mi vida delante de mi futuro esposo.

No vas a tener problema que siga cogiendo con Pato, verdad mi amor?-

Nooo...seguí cogiendo con él...y seguí cogiéndome-

Es que es un machito tan lindo.... Me encanta sentirlo entre mis piernas...dentro de mi conchita ...y que me llene el culo de leche calentita..ayyy mi vida como estoy gozando..

Seguí puta...seguí que me volvés loco.-rogaba Claudio en un estado total de agitación.

 Yo te voy a contar todo, como me chupa la concha, como le chupo la pija y los huevos...como me clava..y en una de esas si te animas podemos hacer un trío. ¿Te gustaría verme coger con él, papito? ¿Verdad que sÍ?

¡¡Siíííííí´....me encantaría verte cogerlo...sos una puta...reputa!!!!

 Decimelo que me gusta, puta, reputa...tu puta...la que te va a hacer gozar de tus cuernos toda la vida...acabo mi vida...dame pija que tu puta acaba!!!

 Acaba puta.....tomá mi leche......!!!!

En un grito desgarrador llegamos al orgasmo los dos en un mismo momento. Luego vino un delicioso relax que aprovechamos para besarnos y mimarnos. Abundaron las caricias, la ternura, quizá en ese momento nos dimos cuenta que el haber roto la barrera de la hipocresía, de la mentira que manejaba nuestras vidas nos ayudó a encontrar una forma nueva de amor.

Porque yo amo a mi marido, a mi manera pero lo amo. Haría cualquier cosa por él sucede que ambos compartimos un íntimo deseo que se basa en gozar del sexo pero en una forma complementaria. Para que el disfrute de sus cuernos yo debo metérselos periódicamente y la verdad es que me encanta hacerlo muy cornudo.

La regla tácita es que no debe haber mentiras, todo se sabe en la pareja. Si no compartimos la cama con un amante yo le cuento mis encuentros a solas con lujo de detalles para que el se pajee, o me haga el amor con mucho morbo. Parece una ironía pero nuestra relación se basa en una forma nueva de lealtad de uno hacia el otro.

 

servido por elpaskin8 1 comentario compártelo


Sobre mí

Avatar de elpaskin8

LOS RELATOS DE LOS VAGOS DE LA PLAZA; SECCIÓN Nº 2

ver perfil »
contacto »
Website counter

Fotos

elpaskin8 todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera